viernes, 31 de diciembre de 2010

Fines y comienzos




Tachando números llegamos a éste, un treinta y uno de diciembre que anuncia el fin de los trescientos sesenta y cinco días que han compuesto este año que nos deja, un final que a unos parece triste y otros sienten como alegre… Sí, hay años buenos, años malos y años regulares, lo peor de todo es que son años (¡nos hacemos viejos!... por suerte o desgracia…)… Lo mejor para unos, esos que salen hasta las tantas de la madrugada, beben alcohol con un embudo y se emperifollan como repollos, es lo peor para otros, léanse médicos de urgencias, bomberos, policías, camareros o churreros (bien mirado, trabajan, que no es poco…). El caso es que no nos falte nada, y si nos falta algo, que sea, preferiblemente, ese traje pomposo del escaparate de la esquina, el Porsche negro metalizado con el que sufrimos alucinaciones o aquel viaje a París que le prometimos a nuestra señora en una boda de miel sin mucho kilometraje.
Por último, decirles (sin libro de por medio: no servirá de precedente, lo prometo) que siempre es un placer ver como, año tras año, este lugar donde viven los monstruos crece con cada uno de sus comentarios, con cada recomendación que me hacen, con cada tirón de orejas, de noticia en noticia, de seguidor a seguidor. Para todos ustedes: ¡Feliz 2011!

Imagen: linternas del cielo o “khoom loy” (Thailandia/Asia)
Banda sonora original:
When a woman loves. 2010. R. Kelly. http://www.dailymotion.com/video/xfzd8a_211271317_webcam#from=embed
Exe geia panta geia http://www.youtube.com/watch?v=UqHPIidLyEQ
Ti se Mellei Esenane http://www.youtube.com/watch?v=9O0fTNALwNw
En: Afieroma Sti Mikra Asia (DVD). 2001. Glykeria & Giorgos Dalaras.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Bromas, ingenio e imaginación


Un año más, como por arte de magia, se me olvida gastarles una inocentada (¡Ay Senén!¡Qué descaro tuvo el español que transformó la masacre de Herodes en el pitorreo padre!), y les advierto ganas me sobran, pero no hay manera de sacar un hueco: el remolque de quehaceres va amontonándose irremediablemente sobre el escritorio y me es imposible idear alguna broma con la que rodar de risa a su costa…. El próximo no se libran…, si es que consigo dar con la broma oportuna… cosa harto difícil.
Mire usted, si la vida se compone en su mayor parte de cosas tristes, ¿por qué quien hace reír siempre está en un segundo plano? ¿Quién dijo que provocar la carcajada del populacho es cosa de mediocres y juglares de medio pelo? Prefiero descojonarme a llorar a moco tendido, prueba de ello es que, desde que era un niño, he admirado la labor de chistosos, comediantes y payasos, todas ellos mentes lúcidas, ingeniosas, ocurrentes, rápidas… e imaginativas. ..
Sin imaginación no hay risa…, ni disfraces, ni chistes, ni parodias…, ni magia, ni música, ni danza… No hay artistas callejeros, ni pintores, ni trapecistas, ni sueños… No habría cuentos, palabras o poesía… No habría nada… ¡Bien podría el llamado “plan Bolonia”, ese que ha dado más de un quebradero de cabeza a todo tipo de rectores universitarios (cosa de la que me alegro), haber incluido entre su catálogo de estudios un “Máster en imaginación”!
Y con eso, con un poquito de imaginación recién llegada de la mano de Sven Nordqvist en su ¿Dónde está mi hermana? (editorial Flamboyant), les dejo hasta el viernes, día en el que despediremos este año 2010.

lunes, 27 de diciembre de 2010

De villancicos


Cuanto más lee uno, menos aguanta las simplezas de esta fauna ibérica que le rodea. Topicazos y programaciones televisivas navideñas (¿el baño, por favor?) a un lado, durante estos días hay que tener un par para no seccionarse la yugular ante todo tipo de afirmaciones insustanciales... Podría contarles desde las más simples a las más fantasmagóricas, pero por su bien he decidido ceñirme a la de esa progre (vieja, beata y blanda: añado) que se alegraba categóricamente de que por fin a sus nietos no les enseñen villancicos en la escuela. Paradojas repugnantes que constatan que lo más “in” del momento es atentar contra la tradición. ¡Cuánto caché da olvidarse del aguinaldo (aguilandos en otros lugares)! Es preferible invertir la mísera paga extra de este año (quien la haya cobrado, claro…) en El Corte Inglés, que reunirse en torno a una botella de mistela y turrones de todo tipo para pasar la tarde cantando villancicos.
Pero como lo mío es joder a todos estos seres del inframundo, hoy les mando dos canciones navideñas, la una en formato visual http://www.dailymotion.com/video/x2m5pw_flamenco-la-macanita-villancico_music y la otra en forma de poesía (pónganle música), muy similares en contenido... Y sí: es más sencillo disfrutar de estos días, que refunfuñar a regañadientes esa frase que tanto oigo últimamente: “Odio la navidad”.

De su esposo en compañía,
soñolienta y fatigada,
por ver si les dan posada
toca en las puertas María.

Él le dice: -Esposa mía,
ten calma, vamos a ver…
Nos abrirán al saber
que te encuentras en estado
y un lecho busca prestado
tu Niño para nacer.

Pues tiembla la virgen bella,
él se quita en el camino
su paltocito de lino
para ofrecérselo a ella.

-Vaya mi linda doncella
con este manto abrigada-
dice con gracia forzada
mientras siente las diabluras
que hace el frío en las roturas
de su franela rayada.

[…]


Aquiles Nazoa.
Retabillo de Navidad.
Ilustraciones de Ana Palmero Cáceres.
2007. Caracas: Ekaré.

viernes, 24 de diciembre de 2010

¡Feliz Navidad!


Esta noche es Nochebuena… ¿A quién se le ocurriría la maravillosa idea de darle una denominación tan poco acertada? He aquí los motivos que me inducen a elucubrar sobre el asunto:
a. Durante la noche de este viernes celebramos la instaurada cena en la que familiares y otros seres del Averno, departimos con buen humor y alguna que otra puñalada. Confraternizamos con el cuñado o la nuera a base de toda una suerte de elogios y maldades, un ejercicio necesario, más que nada para sentirnos vivos y despellejarnos a gusto mientras nos dedicamos la más falsa de las sonrisas, que bien mirado es más sano que echarse la mano al cuello.
b. Riñas españolas aparte, aquí lo que importa es, derrochar billetes a mansalva en el Mercadona, llenar el buche como los pavos, ponerse como el Kiko Pantoja y, finalmente, como en cualquier bacanal romana, acercarse a la escupidera más próxima y vomitar a rienda suelta el amasijo de champán, langostino cocido, piña en almíbar y turrón de chocolate que momentos previos hemos engullido como verdaderos hambrientos.
c. Dejando a un lado el asunto estomacal, llega el turno de hablar del atuendo, pieza clave en toda reunión de alterne navideño. Desempolvar el fondo de armario, quitarle la polilla y embutirnos en esa pieza de mediocre costura que otrora nos sentaba como anillo al dedo es un auténtico ejercicio de valentía, por repetir vestimenta año tras año, por soportar los comentarios que despierta entre los allegados.
d. Y por último, si la suegra, la gastronomía y/o la moda no acaban con nuestra paciencia, seguramente los llantos de algún sobrino malcriado (les prometo que decapitaría a más de uno), la visita inesperada de algún vecino cuya cocina se ha incendiado, la borrachera del cuñado de turno, la llegada de la policía o las discusiones más variopintas, serán motivo suficiente para coger el abrigo, repartir besos a doquier y, mientras bajamos al portal, prometernos una vez más que la próxima Nochebuena nos quedaremos en casa, abriremos una lata de sardinas, nos hincharemos a vino con gaseosa y seremos los seres más felices sobre la faz de la Tierra.
En cualquier caso es Navidad y me creo en el deber de recomendarles un libro apropiado para la época, que en este caso es (en mi modesta opinión) el mejor libro de temática navideña jamás escrito: Cuento de navidad de Charles Dickens (en la imagen una edición ilustrada por Lisbeth Zwerger disponible en castellano –Destino- con el título de Canción de navidad). Léanlo, es mi particular forma de desearles una FELIZ NAVIDAD.

martes, 21 de diciembre de 2010

Bilingüismo


Hace unos años era impensable que en la escuela pública, tan resignada, tan anticuada, se impartiesen enseñanzas bilingües (incluso en la actualidad es difícil concebirlo…), cuestión que quedaba confinada a centros como el Liceo Francés o el Colegio Alemán, pero hoy, fíjense, damos una patada y en cada esquina aparecen diez secciones europeas para mayor gloria de nuestro sistema educativo. ¿Será fruto de los cientos de millones que, según dice este gobierno y otros tantos predecesores, se han invertido en la materia “gris” de los escolares? Claro, señores: hay que invertir en nuevas formas de analfabetismo, en nuevas definiciones de segregación pedagógica o en nuevos libros de texto. ¡Eso sí!, para que aprendan la tabla del nueve, las provincias españolas o el engranaje de un motor diesel, ¡ni hablar del peluquín!
No me crean reaccionario por no ser gran partidario de que sus hijos formen parte de esa supuesta élite de plurilingüistas que manejan todos los cotarros. No. Yo soy un defensor a ultranza de la diversidad idiomática…, pero antes dejen que sus hijos aprendan español, no sea que, durante estos días de matanza, alguien les pida un lebrillo para recoger la sangre que chorrea el gorrino y se presenten con el orinal de la abuela Juana bajo el sobaco.
En cualquier caso y solidarizándome con todos esos padres que repelan los bolsillos para procurar a su prole una buena preparación (N.B.: aparte de inglés, francés y alemán, vayan pensando en el mandarín y el cantonés…), hoy les recomiendo un libro-álbum básico, recién comercializado en España y en lengua inglesa por la casa anglonorteamericana Phaidon (¡oportunistas!). “¿Y por qué recomiendas un libro editado en inglés, querido Román?” En primer lugar porque a falta de pan, buenas son tortas, y en segundo término porque seguramente Otto, the autobiography of a teddy bear de Tomi Ungerer (sí, el mismo de Los tres bandidos), un libro que cuenta a través de la mirada de un desafortunado oso de peluche algunos de los acontecimientos más importantes del pasado siglo XX, es de los mejores en su temática
Y mientras pienso en las escuelas del ayer y del hoy, sólo me queda no sucumbir a la nostalgia de la letra que con tanto arte cantaba Camarón… Cuando los niños en la escuela estudiaban pa’l mañana, mi vida era la fragua. Yunque y clavos de Alcayata

miércoles, 15 de diciembre de 2010

De calificaciones


A pesar de lucir una esbelta figura y usar una talla 40 en lo que a pantalones se refiere, no puedo evitar el paso del tiempo. Lo peor de todo no son las canas, las arrugas o la celulitis (de esto último no padezco, aviso), sino la paternidad, en mi caso ajena, claro está… Los que no tenemos hijos los matamos a palos, y los que los tienen, mutan en seres verdaderamente insufribles. Tengo bien aprendida la lección de que, de los hijos de otros, mejor no hablar, aunque hoy haré una salvedad para ensañarme con el cariño paterno-filial.
No me gusta generalizar (¿o sí?) pero se podría decir que los padres (occidentales) de hoy día son meras comadronas asustadizas a cargo de parapléjicos llorones que les trepanan hasta el fondo de pensiones. Tanto es el afán de supervivencia de los nenes de ahora que son capaces de metabolizar hasta la tarjeta de crédito, aunque, como dice una compañera de trabajo, anciana, sabia y madre: sin duda, los peores en este asunto somos los padres…
Hay amores paternos de toca índole, desde el padre que trata a sus hijos como logros empresariales (El kick-boxing no entra dentro de los proyectos que he ideado para mi hijo), aquellos que vomitan sus frustraciones en los vástagos (Comentario1: ¿Has visto lo que hace el nene con siete meses? Apunta las maneras de Cristiano Ronaldo ¡Mañana mismo le compro unas botas de fútbol!; Comentario 2: Mi chiquilla tiene veintitrés meses y lleva tocando el violín desde los trece, ¡será una gran directora de orquesta!) o los que dirigen con mano firme el futuro de éstos (¿Quién me lo iba a decir? Tras diecisiete profesores particulares, el colegio público, los maristas, una universidad pública, tres privadas y la de favores que hemos pedido para colocarlo, ¡el hijoputa se hace jipi!), pero los que más odio son aquellos que acuden muy indignados a pedir calificaciones más elevadas para su hijo/a porque, según ellos, su reconocimiento académico pasa por haber ganado en todos los juegos de la Play Station® incluido el FIFA 2010, por lucir mejor que nadie las botas katiuskas o por pasear al perro todas las mañanas. ¡A mí! ¡Al que no recibió de sus profesores más que la nota merecida, bien fuese un tres, un cinco o un ocho!
Para terminar con una nota jocosa, recomiendo a todos esos padres que olvidan que los maestros calificamos del cero al diez (pese a quien pese hay que asignar una nota), el último y práctico libro-ingenio de Marion Bataille, 10, una retahíla de pop-up que nos permite subir y bajar en la escala de calificaciones sin mucha dificultad.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Novedades y navidades


Regresando de otros mundos, los del caos y la miseria, me topo paradójicamente con la navidad, una buena excusa para hacer de tripas corazón y dejar rienda suelta a la efusividad consumista (si es que la paga extra me deja…). Y entre el bullir de las calles y el silencio de los comercios -cosas de las crisis-, voy metiendo el hocico (no procede la conjugación del verbo “hozar” hasta que mi señora madre compre el ya clásico lebrillo de mantecados “made in Confitería Conchi”, los más afamados de la “cité”) entre este y aquel estante para ver si doy con alguna joya literaria que echarme en la mariconera.
Por lo pronto, en el día de hoy les voy a recomendar la lectura de una de las estrellas que estos días titila en el firmamento de la LIJ, 1001 Libros infantiles que hay que leer antes de crecer, libro de consulta que, bajo el criterio de Quentin Blake (cosa que puede resultar muy interesante para muchos ilustradores: hay miradas y miradas…) y Julia Eccleshare, reseña una buena representación de libros dirigidos al público infantil (una inmensa mayoría de álbumes ilustrados de todas las épocas y para todas las edades).
Defiendo del hilo al pabilo publicaciones como estas, tan necesarias para dar a conocer el género librero que nos hace babear a los monstruos que aquí vivimos, pero como soy “el chico de los peros”, me toca sacarle la tara:
Aunque editado al castellano por Grijalbo, denoto cierto sabor anglosajón que no acabará de llenar al público “lijero” de lengua castellana en general, aunque también es cierto que para los paladares más especializados (bibliotecónomos e investigadores) se puede antojar un exquisito bocado, por lo que la adquisición del mismo lo dejo en manos de cada cual, no sea que con tanta animación lectora salgan jaurías de detractores apaleándome los riñones.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Cuentos con sabor a arena


Señoras y señores, les comunico que con tal de olvidar tanta nieve y este frío invernal que asola el viejo continente, me marcho (si los controladores aéreos me dejan…) durante los venideros días de descanso a otras latitudes más cálidas, concretamente a la Marrakech de los cuentos (no sufran por mí, sólo háganlo si dentro de una semana no regreso por este lugar…). Por lo demás, les dejo con dos regalos: uno hecho de palabras que saben a sésamo y pistacho, a cilantro y cardamomo, y unas notas musicales que acompañen la salida del sol en estos días encapotados.
Feliz puente a todos.

Imaginemos la Plaza de Jama el-Fna de Marrakech en plena ebullición: allí están los culebreros, los domadores de animales, también hay curanderos y sacamuelas, más allá estan los danzantes, músicos, equilibristas, etc. Llega el cuentero apoyándose en un largo bastón. Elige un lugar y, con su bastón, dibuja un largo círculo en la tierra. Se coloca en el centro, atrae la atención de los presentes e inicia su cuento.
Imaginemos también el harén del palacio Dar el-Majzen, donde el sultán y su familia escuchan cuentos narrados por una vieja esclava o por una de las esposas, mientras toman un oloroso té con menta. O imaginemos las cocinas, donde las mujeres de la servidumbre de palacio esperan a que una mendiga ciega a la que han dado cobijo esa noche inicie la narración de una historia.


Extraído de la contraportada de: Cuentos y leyendas populares de Marruecos.
Autores anónimos.
Recopilados por la Doctora Légey.
Traducción al castellano de Antonio González Beltrán.
2009. Madrid: Siruela.

Banda sonora original de esta entrada: OST Kids Return. 1996. Joe Isaishi.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Despotismo...


Tras la impronta que dejan los derbis futboleros en este país, creo que va siendo hora de pisar el firme y caer en la cuenta de la dramática situación que se va a instaurar en España, no sólo durante este adviento, sino en meses venideros: el paro crece irremediablemente, no nos gastamos ni un céntimo en el Carrefour y el pequeño comercio se atiborra de carteles fosforescentes que rezan “Se traspasa” o “Cerrado por obras”, pruebas inefables de que la cosa está muy mal. Eso sí, tontería que no falte, empezando por el primero y terminando por el último de los habitantes de este “dichoso” país.
Lo cierto es que después de los “acontecimientos catalanes” (llamémosle así), me parece una gran torpeza que al de la ceja no le canten las cuarenta. Y ya que los españoles somos incapaces, por vivir en la Babia del paro y las subvenciones, que al menos los llamados “barones socialistas” hagan lo propio en aras de ese dicho que reza “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”… Decapitar al gobierno (hablo en sentido figurado) se me figura pertinente, ahora y en el medievo, aunque sea sólo por renovar la sangre vieja y dejar que otros chupen del bote y la carroña, y demuestren esa imaginación sin límites de la que buena gala hacen.
Sí, sí…, ya sé que ese señor no salta ni con aguafuerte, pero al pollo viejo que el ala le va oliendo hay que retorcerle el pescuezo, cosa fácil cuando la gallinácea se agazapa ante el peligro, no tanto cuando es volandera y se resbala como las comadrejas.
Aves y mustélidos aparte, es más que evidente la soberbia de este zorro, que confina a quién le desagrada, verbal o físicamente, al destierro político… Esperemos que no le dé por maleficios y otras artes de nigromante y empiece a parecerse a esa Reina Anchoa que por malinterpretar su sueño, condenó al Gobio a una fisonomía poco agraciada… Y sin más ensañamientos, les recomiendo sin titubeos este bonito cuento del coreano Jin Joo Chun al que acompañan las ilustraciones –reconozco que realmente bellas- de Yan Hye-won y editado por la editorial argentina unaLuna.

lunes, 29 de noviembre de 2010

¡Dichosas entrevistas!



¿Quién dijo que en este sitio no tuvieran cabida los premios literarios? Creo que fui yo… (Ríanse). En cualquier caso, hoy les voy a hablar de la última escritora condecorada con el Premio Cervantes, Ana María Matute, y de la desastrosa entrevista que le realizó en su día David Cantero y que reemitieron en la segunda cadena de Televisión Española el jueves pasado. Les anticipo: una colosal mierda.
Se creen estos dueños y señores de los medios de comunicación que los espectadores somos lo más parecido a un gran corro de abuelas y que nos tornamos locos a base de nostalgia, clichés y lágrimas…, pero no, algunos queremos curiosear en el camino de los demás, dejarnos sorprender por la vida de otros, en definitiva, aprender dejando a un lado la baba caída y la media sonrisa de mortuorio.
Siéndoles sincero les comento que las preguntas de este presentador de telediario metido a entrevistador cultureta, hicieron parecer a la señora Matute como una vieja medio boba a pique de fenecer, decrépita e insustancial, cosa que me jode cantidad...
A ver: ¿Nadie le ha explicado a ese señor lo que es un cuestionario en condiciones? (cosa que debería haber aprendido en la Facultad de Ciencias de la Información) ¿Nadie le ha dicho que a los mayores y los niños no hay que hablarles como si fueran imbéciles? (cosa que debería haber aprendido en la calle).
Siento no poder ilustrarles con ejemplos apabullantes -más que nada porque el asunto era insufrible, tanto que pensé en acudir al baño y dedicarle un pedo bien sonoro-, pero considero que hasta Leire Pajín hubiese tenido más gracia y salero… ¿Y nos quejábamos de Pedro Ruiz…?
Les puede parecer un capricho ridículo que me ensañe con el (ex)chico de moda de la tele pública, pero no puedo soportar que gracias a su intervención, muchos lectores potenciales de Doña Ana, no cojan un libro suyo jamás. Por todo ello, en un intento de redimir la imagen de esta escritora de cuentos que son novelas y novelas que podrían ser cuentos, les invito a pasearse por los numerosos libros que ha escrito, desde el ya clásico Olvidado Rey Gudú hasta sus relatos para niños como El polizón del Ulises o Sólo un pie descalzo.
Y prométanme algo: desconecten su televisor.

viernes, 26 de noviembre de 2010

De la comunidad LIJ


Procuro llevar al día este espacio que, aunque no lo parezca, da mucho trabajo. Recorrer bibliotecas, leer revistas especializadas, frecuentar librerías y hablar con este o la otra, se figura poco si quieres tener actualizado un sitio como este. A veces no me da tiempo a presentar novedades y otras me las veo negras para dar con un título que reseñar, pero he aprendido que no importa, que cada vez somos más los que sentimos una pasión descontrolada por los libros para niños, que cada vez son más numerosos y variados los blogs que sobre esta materia se crean, que los hay de opinión, de reseñas, sobre mediación lectora, los hay más generales y más específicos, pero lo mejor de todo es que todos trabajamos por un fin común: para que la lectura nos impregne.

Voy con las riendas tensas
y refrenando el vuelo,
porque no es lo que importa llegar solo ni pronto,
sino llegar con todos y a tiempo.

León Felipe.
Antología poética.
1981. Madrid: Alianza.
Ilustración: Arnold Lobel.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Limpiar, fijar y ¿dar esplendor?


Tras muchos años limpiando, fijando y dando esplendor a esto que muchos usamos a diario, es decir, las palabras, la Real Academia Española (sigue llamándose así pese a lo empeñados que están los medios de comunicación en añadir la nota aclaratoria “de la Lengua”) se ha subido a esa carroza que tanto se engalana en los últimos tiempos, la de la ignorancia y el analfabetismo, para salirse de madre con unas modificaciones algo impertinentes. Y es que tiene un pase lo de añadir extranjerismos o validar expresiones coloquiales, pero lo de ciertas tildes y el re-bautismo a mi querida “y”, ha sido una verdadera patada en los cojones.
Tocándome los cuernos mientras hablo en plata, me parecen decisiones propias de mis alumnos del segundo curso de E.S.O.: “Como el nene no sabe escribir correctamente guión, elimino esa regla que obliga a poner una tilde sobre la o y me como un mojón”. Claro está, ellos, los de los sillones con nombre de letras, se escudan en que nos hacen “muchismo” bien a todos los hispanohablantes, los de un lado, los del otro y los de más allá, que así, con “ye” y “Sion”, ya “semos” “tos” uno… ¡Y una mierda! (¿Ven? Yo también sé incluir tacos en las entradas de mi blog, emulando a ciertos académicos…), ¡que aquí cada uno tiene su identidad!
Todo esto me recuerda a un discurso muy conocido de Gabo que abogaba por eliminar las reglas ortográficas y dejar que cada cual escribiese como le saliera de la minga. Bien pensado: como yo ya sé escribir a los demás que les parta un rayo.
Lo cierto es que comprendo a estos abuelos con amagos de erudición, creyéndose dioses mientras reglan lo más noble de nuestra condición humana, la lengua… Unas veces lo llaman compasión, otras, comprensión o justicia, y las más, puro egoísmo.
Sólo espero que Zapatero no haya sido el artífice de semejantes decisiones, sería el último sitio donde le faltaría meter el morro para enmascarar de algún modo obsceno el patente fracaso escolar que nuestros estudiantes padecen en lengua materna.
Y si están igual de contrariados que un servidor, mi profesora de alemán (¡habrase visto que un idioma se empobrezca en vez de enriquecerse!) y tantos conocidos y amigos, sólo les queda una medida para demostrar su descontento: objetar.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Plumas


A Jean y tantos otros...

No encuentro explicación a un hecho misterioso: en los últimos días mi vida se ha rodeado de plumas… Plumas por aquí, plumas por allá, plumas por todas partes, en cualquier rincón… Este otoño no caen hojas, ¡llueven plumas!...

a. Necesito un edredón de plumas para el sofá cama, no sea que algún incauto me visite de manera inesperada y se tope con las temperaturas glaciales rascándole los riñones.
b. “Domingo sí, domingo no, hay que matar un pollo” Papa dixit… ¡Odio el olor a pluma quemada!
c. Me he topado con una pluma de pavo real entre las páginas del Ébano de Ryszard Kapuscinski.
d. “¡No sueltes tantas plumas o pillarás un resfriado!” Le dijo el viento a mi chambergo de cuadros.
e. Soñando…: Si las palabras fueran plumas, los libros tendrían alas.
f. Preguntando…: ¿Y si las balas fuesen plumas?
g. Interlocutor 1: -¡La de pluma que tiene! ¡Jamás me enamoraría de él!
h. Interlocutor 2: -Yo sí… Me encanta volar.
i. El cielo está emplumado, ¿quién lo desemplumará? El desemplumador que lo desemplume buen desemplumador será.
j. Diez madejas de lana, nueve soldados de plomo, ocho tazas de té, siete alfileres chiquitos, seis llaves en fila india, cinco mentiras piadosas, cuatro besos te bordé en la mejilla, tres hojas de trébol, dos velas temblonas y una pluma de color carmín.

Y así, jugando con el peso liviano de las plumas, me despido hasta el próximo día con El pollo desplumado (editorial Thule), otra historia del coreano Chih-Yuan Chen que bien vale unas cuantas sonrisas y algún que otro pensamiento.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Adivina, adivinanza...


Y como hoy me he levantado un tanto misterioso y juguetón (los niños que vivimos bajo una envuelta madura sufrimos cambios inesperados… je, je, je), me voy a decantar por terminar la semana con unas rimas algo enigmáticas. Así que, pongan a trabajar a su ingenio y díganme la respuesta a este par de adivinanzas extraídas de un librito muy majo con el que pasar las horas. Y si no las hallan, siempre pueden acercarse a una biblioteca durante estos días de asueto y leer este libro allí mismo o pedirlo en préstamo para acurrucarse en un banco del parque con su pareja e intentar adivinar las soluciones juntos.

Mis huesitos son de caña
y mi carne de papel
y tengo una cola larga
como la del Ratón Miguel.

* * *

En un solo pie parada
el viento me hace vivir
y siempre estoy por partir
volando…
Posada.


Mauricio Rosencof.
En: Lo grande que es ser chiquito.
Ilustraciones de Miguel Carini.
2010. Alcalá La Real: Mil y un cuentos-M1C

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Verdades


Con bastante frecuencia suelo preguntarme qué pensarán ustedes de mi… No puedo evitar hacerme semejantes cuestiones sobre todo cuando vierto mis descaradas palabras en este lugar un día sí y otro también… Bien saben los que me conocen -en persona- que peco de sinvergüenza, cualidad esta que me ha granjeado más de una guerra, muchas enemistades y, a lo poco, algún que otro tirón de orejas. Sé que a veces me paso de la raya, pero ¿para qué sino creé en su día este blog?... Ya andaba harto de cebarme a todas horas con los mismos cafres, así que, por su bien y por el mío, tomé la sana decisión de vomitarle al mundo toda la mierda que voy aprendiendo a guardarme… Lo sé, es algo que no es de recibo… Como dice aquel, más se saca lamiendo que mordiendo…, comportarse de manera sibilina es buena decisión, inscribirse en ese nuevo partido político llamado “mamoneo” facilita mucho la vida, al igual que cambiarse de chaqueta a cada hora y jugar con todos y con ninguno... Denoto por su sonrisa que saben la lección: a veces es mejor callar que decir la verdad.
En muchas ocasiones he pensado en dedicarme a reseñar libros sin ton ni son: escribir el título, resumir el argumento y decir si me gusta o no, todo ello aderezado con una bonita foto de la portada, dejando a un lado todas estas pamplinas que sobre política, lengua, literatura, ciencia, religión, filosofía y biblioteconomía baratas les lanzo como dardos en cada noticia…, pero la verdad es que me gusta lanzar mamporros a diestro y siniestro y reírme un poco del mundo a pesar de que, en un momento u otro eso que pregona mi señora abuela a todas horas tenga lugar: que quien dice la verdad se queda sin ella.
Así que, haciendo gala de verdades que duelen, verdades a medias, verdades como templos y diminutas verdades, les dejo con Toda la verdad, un libro cojonudo y graciosísimo (tanto para niños, como para mayores) de Monique Zepeda e Ixchel Estrada editado por Oceáno-Travesía, que nos invita a discurrir sobre otro eterno dilema: ¿sinceridad, silencio o mentira?

lunes, 15 de noviembre de 2010

Exposiciones necesarias


Llego del fin de semana como si hubiera recibido una manta de palos. Y es que no se puede esperar menos de un viaje relámpago a la ciudad vecina de Alicante, que aunque pueda parecerles poco, no crean que sábado y domingo dan poco de sí…
Siento cierto pudor al aclararles que nunca había visitado Alicante (las paradojas son así: he recorrido media Europa y no he visitado un lugar a cien kilómetros de distancia), y tras pasar dos días allí afirmo que es un sitio muy agradable, por su clima (la eterna primavera que allí se instala no sólo hace bien a los ajados huesos de los viejos, sino a los casi jóvenes como los de un servidor), por sus gentes, su fisionomía y su turrón -hago una cuña publicitaria para defender las bondades del turrón a la piedra, una exquisitez-. Lejos de la gastronomía (lo cierto es que he regresado más hinchado que un pellejo gracias a las artes culinarias del David, mi anfitrión, ¡es lo bueno/malo de tener amigos cocineros!), comentar que una de las cosas que me empujó a darme un garbeo por allí fue la celebración de las Jornadas del Álbum Infantil Ilustrado, concretamente el poder visitar la exposición “Arte y Álbumes Ilustrados”, una buena excusa para aprender sobre imágenes, palabras y arte… Les recomiendo su visita enteramente ya que es de agradecer, no sólo que se dedique un espacio a mostrar los entresijos de la labor del ilustrador, sino a acercar al público general esta pasión tan desconocida que tenemos algunos (la idea de ubicar en la exposición ejemplares de álbumes ilustrados me ha encantado: si el contexto son los libros, que haya libros).
También me hubiese gustado asistir a algunas ponencias y charlas (por ejemplo la conferencia inaugural de Roberto Innocenti y las dos mesas redondas tituladas “El niño en el álbum ilustrado” e “Ilustrar la vida, entender el mundo”) que se han programado para la ocasión en las antiguas instalaciones tabacaleras, hoy llamadas Centro Cultural “Las Cigarreras”, pero me es imposible dado que se han celebrado en jueves y viernes… Ea, los maestros no podemos elegir las fechas vacacionales… Visítenla, y si les pilla muy lejos siempre conocerán a algún alicantino que disuadir para que este veneno que son los álbumes ilustrados siga propagándose por nuestra geografía.

P.S.: ¡Luis! ¡A ver si puedes recordar en un comentario de esta entrada el título y la ubicación de la exposición que aunaba álbumes ilustrados y comida! ¡Que no me acuerdo! ¡Gracias de antemano!

viernes, 12 de noviembre de 2010

Esclavos del amor




Por estar muy encerrizados en eso que se llama libertad, la inmensa mayoría de los hombres que frecuentamos este mundo no podemos evitar el ser esclavos. He visto tantos ya, que me es imposible censarlos…
Esclavos de los regalos navideños del nene, de la nena y del tío Melquíades, que si la Barbie, que si los juegos de la “Play”, que si los tomates en aguasal... Esclavos de Internet, del Tuenti, de las páginas de contactos y del dichoso Facebook… Esclavos de Inditex y sus derivados de pret-a-porter… Esclavos del BodyPump, del BodyCombat y del Bodybell… Esclavos de los caprichos de la novia, del novio, de la suegra, del yerno, de la sobrina, del jilguero, del hámster y del chihuahua... Libros que nos esclavizan... Escolares esclavizados por el verbo “to be” para, una vez creciditos y dado el “sí, quiero”, patearse Nueva York escuchando a Julio Iglesias en cada chaflán… Esclavos de la ignorancia, de la erudición.... Esclavos de Belén Esteban, de González-Sinde y Ramoncín… Esclavos de la SER, la COPE e Intereconomía... Esclavos de lo que piensen o dejen de pensar los demás… Esclavos de nuestros propios pensamientos… ¿Alguien piensa aquí?... Esclavos de Nestle, Coca-Cola y la Mirinda (Ja, ja, ja… ¡Ya no sé ni lo que escribo! ¿Será porque soy esclavo de contarles cualquier cosa?)… Esclavos y esclavas viven su esclavitud con esclava paridad, mientras que otros esclavos, los de verdad, la viven con cruenta realidad… Esclavos hay de muchos tipos: esclavos de McDonald’s y esclavos del Burger King, ¡menos mal que yo soy esclavo de “Vinos el Gordo”!... A veces no es fácil ser esclavo, sobre todo si hablamos del tabaco, el alcohol, la cocaína y las drogas de diseño…, por ello preferiría serlo del pan, el queso manchego y un buen jamón… Pero si tuviera que elegir entre un tipo de servidumbre y otra, no dudaría en afirmar que gusto ser esclavo del amor, pese a todo su incordio, sus malas artes y tretas varias, porque al fin y al cabo, amando, uno siente lo que se llama libertad.

Flaubert, Gustave. 2001. Madame Bovary. Barcelona: Planeta-De Agostini.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Tesoros de la niñez


A Luis, bibliotecario escolar y fiel seguidor.

Conforme envejecemos (seamos fríos), no sólo peinamos canas, nos empeñamos en lucir como cuando éramos pipiolos o intentamos retomar aquellas aficiones que en su día nos parecían auténticas pesadillas, también dejamos de olvidar para empezar a recordar…
A muchos les parece triste eso de cambiar el lustre de la juventud por la carcoma de la vejez, pero siempre hay un dulce sabor en lo añejo de la vida que, si no nos permite estirar las patas de gallo, recuperar el tono muscular y poner el michelín a rajatabla , bien nos valida para adelantar a los mozos que nos siguen con unos cuantos errores y una migaja de sabiduría, mientras contemplamos con una grata sonrisa ese puñado de recuerdos que atesoramos en una destartalada caja de zapatos o en una lata oxidada… Cromos, un zompo, cartas de amor, juegos de naipes y una bolsa de canicas, la piedra que recogimos durante aquel verano o esa cinta de casete con la canción que bailó nuestro primer beso… Todos guardamos lo más importante de nuestra niñez, de nuestra adolescencia, en los detalles más diminutos, no por esperar que un día otros los hallen y queden perplejos mientras intentan descifrar ese ávido coleccionismo, sino para, una vez llegue ese día en el que nos creamos mera hojarasca, podamos mirarlos y sonreír a esa vejez con la juventud del ayer…, porque nadie es senil atendiendo a la fecha de nacimiento que aparece en el D. N. I., se es viejo por no haber guardado ni un ápice de lozanía en lo más somero del corazón.

Ventura, Antonio. 2010. La caja de los tesoros. Ilustraciones de Juan Vidaurre. Barcelona: Sinsentido.

lunes, 8 de noviembre de 2010

De lo imposible


Tras un fin de semana bastante ajetreado y pasar la mañana con un grupo de cincuenta adolescentes catando todos los experimentos y curiosidades reunidas en la llamada “Semana de la Ciencia”, sigo devanándome los sesos con una pregunta: ¿Nacen árboles de los sombreros de copa?... No sabría qué responderles basándome en hechos científicos, pero lo cierto es que los ya fallecidos María de la Luz Uribe y Fernando Krahn hallaron la respuesta y gracias a la editorial Libros de la Mora Encantada pueden compartirla…

En la copa de un sombrero
que se olvidó mi abuelito
comenzó a crecer un mirto
suave y silencioso, pero…

Sus hojas eran de cuero
y no había florecido,
parecía un pobre herido
después de la guerra, pero…

[…]

María de la Luz Uribe
En: Pero-Pero.
Ilustraciones de Fernando Krahn.
2010. Ávila: Libros de la Mora Encantada.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

La ballena y el hombre


Hace unos años comenzaron una serie de reformas en la Facultad de Ciencias Biológicas (también la de Ciencias Geológicas, anexa a la primera) de la Universidad Complutense de Madrid, facultad en la que estudié durante un tiempo -no diré cuánto, por temor a posibles muecas de sorpresa…-, y, como en cualquier tanda de arreglos (que se lo digan a las amas de casa…), se sucedieron los más variopintos desastres. De entre los más sonados está el de la ballena…
Contamos en esta facultad con un excelente animalario, es decir, una exposición de todo tipo de esqueletos de animales vertebrados, que a lo largo de los años, entre profesores y alumnos, han ido repelando (no encuentro mejor verbo que exprese un trabajo propio de buitres). Normalmente los animales proceden de parques zoológicos, viajes y donaciones, y se suelen guardar en enormes congeladores.
De entre las toneladas de carroña congelada, era por todos conocida la existencia de una ballena (no sé decirles la especie). Se decía tanto y nada sobre ella, que nadie sabía si era real o ficticia... Hasta que llegó el apagón y los congeladores se desconectaron. Y la ballena se reveló tan poderosa en la tierra como en el ancho mar. Imaginen cientos de kilos de carne putrefacta expeliendo un hedor insoportable, un vaho agrio que recorría todos los rincones y pasillos… Imaginen al animal más grande de la Tierra demostrando ante la insignificante osadía del hombre, su misma inmensidad después de muerto. Eso es Moby Dick.
Se ha hablado mucho de la parábola moderna de Melville, de sus paralelismos con las Sagradas Escrituras o de esa revisión que lleva a cabo de la clásica naturaleza humana –el Hombre es estático, ¿no creen?- desde un punto de vista contemporáneo, pero yo sólo veo una narración completa, de prosa firme y argumento atemporal: el Hombre es una dualidad evidente cuando es capaz de retarse a sí mismo, a sus miedos y a sus pasiones.
Por entresacar otro aspecto de esta lectura (sin pensarlo dos veces les recomiendo la edición íntegra de Anaya: cinco estrellas), me reafirmo en la idea de que la cultura también evoluciona. Lo que antes eran meros cuentos para niños, hoy día son claros ejemplos de alta cultura. En un cercano pasado muchos aspectos recogidos en la literatura, eran comprensibles por la mayor parte de la población, hoy día, excepto frases de simple factura y argumentos propios de los cuentos de hadas, la literatura clásica se figura una perfecta extraña ante los ojos de la mayor parte de los escolares. Ejemplos de esta degradación cultural los encontramos a decenas en Moby Dick, novela que recoge una enorme cantidad de referencias geográficas, religiosas o relativas a la jerga marinera, que son incomprensibles para la mayor parte de sus hipotéticos lectores. Seguramente, si Melville hubiera escrito esta novela en nuestros días, con toda seguridad sería enterrada bajo la losa de ignorancia en la que se nos instruye.
Léanla. Es una orden.

viernes, 29 de octubre de 2010

De refranes y autobombo


Más que harto de que los medios de comunicación se prodiguen en el autobombo (que si la de ayer, nuestra serie, coproducida con nuestra tía, abuela y bisabuelo, fue la más vista en la historia de la televisión y que si miren el libro del señor A, trabajador de este grupo editorial, todo un ejemplo de excelsa literatura) he tomado la solemne decisión de no dedicar ni unas palabras a mi labor –cosa que podría, advierto- y hacer buena propaganda (¿A quién se le ocurriría la idea de llamarlo publicidad? Seguramente a algún alemán o argentino…) de las ocurrencias de los demás…
El turno de ideas ajenas en esta tarde de mensajes subliminales, le ha llegado a Luz Mª del Olmo, compañera de correrías y bibliotecaria de profesión, que ha ideado un juego que combina refranes y molinos de viento (yo lo he denominado “artilugio paremio-cinético”) para animar el cotarro en bibliotecas y otros centros del saber. Para más información acudan a su correo-e: chinbiblio@terra.es (Luz, toma nota: hago esto para que no conviertas los comentarios de esta noticia en un mercadillo de cera).
Y para animar esta noticia tan refranera en viernes de rima, qué mejor que un buen libro repleto de dichos útiles emparejados por su antónimo significado. Disfruten del fin de semana.

Una buena capa
todo lo tapa.

Aunque la mona se vista de seda
mona se queda.

* * *

Arrímate a los buenos
y serás uno de ellos.

Árbol que nace torcido
nunca su tronco endereza.

En: No juzgues a un libro por su cubierta.
Ilustraciones de Alejandro Magallanes.
2010. Barcelona: Océano Travesía.

miércoles, 27 de octubre de 2010

De gallegos


A todos los gallegos, que no son pocos.

Muerto el pulpo Paul más de uno habrá quedado huérfano de molusco que haga las veces de adivino y revele el final de cada competición futbolística… Aunque, si por mi hubiera sido y atendiendo a mis deseos gastronómicos, el dichoso pulpo hace tiempo que hubiese sido cocido en una olla de cobre, troceado, dispuesto sobre una capa de patata y sazonado con aceite de oliva, pimentón y sal gorda. Que gallega tengo la panza. Y el corazón.
Lo primero viene de familia, que no de casta. Me explico. Mi señor padre sufrió el servicio militar allá donde Cristo perdió la boina, hablando claro, en El Ferrol, y mientras mataba el tiempo, aprendió de las bonanzas de los guisos gallegos.
Lo segundo ya es más poético, por no decir literario… Escuchen: pese a mi metódico adiestramiento (¿bajo qué científico no subyace un coleccionista?) no soy partidario de los casilleros (recuerden que los panales los inventaron las abejas), y mucho menos de los lingüísticos y literarios. Los libros, hayan sido escritos en vasco, búlgaro, alemán, catalán o gallego, no dejan de ser el mero espejo de la vida y por tanto, de cualquier hombre, por lo que un servidor, prefiere leer a estar todo el día a la gresca con unos y otros (cosa rara si se percatan de mi frecuente ansia de polémica). Sea en bable, gallego o payés, la cuestión es leer, y si no podemos, ya procurará el traductor que lo hagamos, que también se merece un sueldo… Se suponía que, por no comprender el gallego, tenía que resignarme a ignorar ciertos libros, menos mal que la “consideración” (entrecomillemos, que el lenguaje nos concede ciertas licencias no muy decorosas…) de algunas editoriales da a luz a obras como Memorias de un niño campesino, de Xosé Neira Vilas, con ilustraciones de Xosé Covas (Kalandraka), para que nos perdamos entre los maizales, gaitas, llenemos los hórreos, y nos inyectemos empanada en vena mientras la lluvia moja nuestros zuecos… es por eso que hoy, soy gallego y mañana, Dios dirá… Aunque les advierto que nunca puedo serlo del todo por faltarme algo: si arriman la oreja al pecho de un gallego, olvídense del latido cardiaco, se oye el rumor de las olas.

13:00 p. m.: Menos mal que la inspiración no me abandona. ¡Lástima no ser Arturo Pérez-Reverte!

lunes, 25 de octubre de 2010

Teatro de sombras


A veces, mi prosa se figura un notable ejercicio de claroscuro, tanto que a muchos desconcierta. Y no es para menos, porque lo que en un instante parece pura y límpida luz, se torna negra sombra. Seguramente se deba a esa dualidad que todos los objetos mundanos acarrean consigo: vida y muerte, salud y enfermedad, blanco y negro…
Es debido a esa magia que vive en cualquier teatro de sombras, que este lugar es capaz de albergar a mil y un personajes aunque sólo cuente con uno, su descarado narrador, cosa de agradecer, teniendo en cuenta la homogeneidad de nuestros días…
Ahora, una confesión… Bajo esa mirada platónica que va de un lado a otro de la caverna, las palabras siempre me han parecido un enorme corro de sombras chinescas, un invento para definir el mundo, capaces de permanecer con sigilo, capaces de desvanecerse en un segundo.
Y con el misterio que traen consigo las sombras, ¿esas que nos pisan los talones?, que mutan de forma a cada ráfaga de luz, que se estiran y encogen paso a paso y que mantienen callado hasta el más recóndito de nuestros secretos, les dejo con el último libro-álbum que Barbara Fiore ha editado de Suzy Lee, Sombras, una buena razón para dejar todo lo que estén haciendo (excepto si son cirujanos… ¡Dios no quiera que suceda otra desgracia más!) y se dediquen unos minutos de sosiego en mitad de la mañana para disfrutar de una historia cargada de sorpresa e imaginación a base de los trastos que guardamos en el trastero, siempre en comunión con esa dualidad onda-corpúsculo que nos trae la luz.

viernes, 22 de octubre de 2010

Pollastres y polluelos


Los niños de pueblo ya no son como los de antes. Se lo digo yo que trato con ellos a diario… Con tanta Play Station® y tanta película en 3D han terminado por alienarse tanto o más que los de la ciudad. Ya pocos saben lo que es un lebrillo, una trébede o las cabañuelas… Espero que por lo menos no crean (como alguna vez me ha pasado…) que los pollos nacen en bandejas de poliuretano recubiertos por una delgadísima lámina de plástico.

Hola, Deva,
niña guapa.
Soy Manolito, el pollito,
y vivo en una granja.

Somos doce hermanitos,
y todos al mismo tiempo
nacimos de doce huevos
en un nido hecho en un cesto.
Mi mamá, la gallina Rufa,
Mi papá, el gallo Celesto.
Y debajo de sus alas,
casi, casi, no cabemos.

[…]

Esther García.
Deva y el pollito.
Ilustraciones de Tina García.
2010. Oviedo: Pintar Pintar.

miércoles, 20 de octubre de 2010

De números



Cada vez estoy más anonadado por la pésima matemática del españolito de a pie. Sí, sí, ya sé que tenemos muchas virtudes, desde nuestra merecida fama de juerguistas, hasta nuestra desmedida pasión sobre el colchón, pero de números, más bien poco. Álgebra, cálculo, trigonometría, ecuaciones, asíntotas y tangentes, quebrados, logaritmos, derivadas e integrales no son santo de nuestra devoción.
Dicen por ahí que lo nuestro son las letras, aunque después de los últimos resultados académicos de los escolares patrios, no sé qué decir. Así que mejor es callarse… ¡Pero las matemáticas…! Y créanme, no será por el poco empeño de los profesores de la materia, no será por métodos didácticas, no será por manuales y libros de texto… Pero lo malo es que es.
Yo siempre odié el mundo de los números, tanto que prescindí de él en el antiguo C.O.U. Yo, se supone que un hombre de ciencias, era capaz de ahorcarme del extremo de una raíz cuadrada. Yo, nulo en la lógica formal de lo abstracto, las tuve que estudiar hasta obtener la calificación no muy honrosa de “aprobado”.
Ea, es lo que hay, así que pongan pies en polvorosa y ayuden a sus hijos, sobrinos, nietos y alumnos en la difícil tarea de comprender el rifi rafe de los números. Para ello les recomiendo dos nuevos títulos con los que la editorial Kókinos da la bienvenida al curso escolar: El agujero negro, de Jaime Compairé y Uno, cinco, muchos, de la incombustible Kvêta Pacóvska (que, para variar, me ha encantado y del que me las he visto negras para conseguir una imagen, de ahí que haya optado por la versión francesa…). Y si no consiguen aprenderse la tabla de multiplicar, siempre les quedará la cuenta de la vieja, recurso muy socorrido a la hora de ir al supermercado.

lunes, 18 de octubre de 2010

Analizando álbumes ilustrados




Son muchos los que se dedican a comparar obras literarias para entresacar así coincidencias y otros datos de interés relevante, dejando al descubierto una serie de influencias de unos autores sobre otros, claro ejemplo del proceso de construcción de la cultura en la mayor parte de los casos. En otras ocasiones, con claridad descubren los estudiosos que, en la consecución del noble arte de escribir, son más los que copian que los que crean.
No soy de los que abogan por señalar al que plagia. Bien pensado hoy día hay pocos que inventan algo, bien sea en lo televisivo, lo musical o lo artístico, por lo que más nos vale callar no sea que recibamos alguna merecida reprimenda por criticones y malpensados.
En cualquier caso, hoy les traigo un análisis comparativo entre tres álbumes ilustrados (creo que no abundan muchos estudios sobre estos casos dado la juventud de este género literario y lo apartado que queda de la literatura puramente académica).
Entre El rey del mar (Imapla, editorial Océano Travesía), Nadarín (Leo Lionni, editorial Kalandraka) e Historias sin fin (Iela Mari, editorial Anaya) existen una serie de paralelismos bastante llamativos.
En el caso de El rey del mar e Historias sin fin, los autores utilizan como hilo argumentativo el concepto biológico de la cadena trófica, es decir, el bicho grande siempre se come al pequeño, mientras que en Nadarín, Lionni da menos importancia a este hecho, apartándolo de su intención inicial: realizar una metáfora sobre la solidaridad (la unión hace la fuerza), hilo argumentativo que también presenta El rey del mar pero de manera menos evidente. En estos dos últimos, es notable que los animales elegidos para narrar la historia sean peces de todo tipo y condición, no como en Historias sin fin, donde los representantes del reino animal son más variados.
Entre las ilustraciones de Imapla y Iela Mari, además de los colores vivos y las líneas definidas, podemos destacar el movimiento como efecto visual de gran ritmo narrativo, conseguido gracias a la disposición de los elementos sobre la página. En Nadarín, por lo general, tenemos colores más tenues, propios de la acuarela, más adecuados para el tipo de historia que pretende contar el autor, la fabula de lo social, aunque las líneas quedan bien definidas por el uso de técnicas como el collage y los tampones. Asimismo, Lionni deja a un lado la dinámica narrativa, evitando el sentido unidireccional de la obra, y aboga por la narración clásica de ida y vuelta, lo que hace que su obra sea idónea para lectores más formados, no para los primeros lectores a quienes van dirigidas las dos anteriores, en las que el formato de la edición también ayuda.
En síntesis se podría concluir diciendo que El rey del mar es un híbrido entre Nadarín e Historias sin fin, pero ¿quiero decir con ello que no merezca ser leído con la misma profundidad que éstos? Contéstense a sí mismos…

viernes, 15 de octubre de 2010

Eternos




Hay poemas y poemas, unos se van, otros quedan… Este es uno de los que perduran, eternos…

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar:
tu acento.
Margarita, te voy a contar
un cuento.

Éste era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha del día
y un rebaño de elefantes,

un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita como tú.

Una tarde la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla,
y una pluma y una flor.

[…]

Rubén Darío.
A Margarita Debayle.
En: Antología poética.
1988. Madrid: Edaf.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Docentes ¿y humanos?


El gremio de los docentes, aunque se supone de mucha clase y condición, es de los menos piadosos. ¡Qué se lo digan a la Lleni, la Dayana o el Yeison, estigmatizados de por vida por un nombre! (Tomen buena nota de este hecho, sobre todo si son dados al exotismo nominal y optan por bautizar a su hijo como Maiquel en claro homenaje al fallecido rey del pop). No se extrañen: los maestros “semos” humanos, tanto que nos encantan los alumnos pelotas, que nos obsequien y agasajen, odiamos a los que nos odian, somos maniáticos, déspotas y obstinados, también reímos, lloramos, bebemos y fumamos. ¿Alguien da más…?
Si pensaban que el profesor de “Geografía e Historia” de su hijo es un hombre amable, sensato, cordial, inteligentísimo, ordenado y justo, casi robótico, creo que se equivocan… El susodicho, para más señas, exmilitar (segundo batallón del ejército de tierra), licenciado por la UNED en Filosofía y Letras, con un expediente académico de 6,8, aficionado a la papiroflexia y la canaricultura y forofo del Marca®, tiene dos hijos, una fémina que se define como “emo-punk” a sus catorce años y un hijo de profesión delincuente juvenil. Está harto de suportar las ínfulas de su mujer, natural de Horcajo de la Serena y aspirante a señora de postín, para lo que necesita las artes y favores que una compañera de trabajo muy graciosa, con baja autoestima y que se apellida Santambroglio, está dispuesta a regalarle… Podrán imaginar que, con semejante panorama, este señor se las ve y se las desea para llevar una vida un tanto estable (no me gusta hablar de normalidad…), por lo que no pidan demasiado: mientras ese buen hombre lleve a cabo su labor y enseñe a su hijo las nociones básicas que debe, dense por satisfechos.
Sí, seguramente todos ustedes han sufrido la desfachatez, impertinencia e ira de algún odiado maestro, pero les pido un poco de amnistía y apoyo, no sea que a más de uno le dé por gasearnos tras un duro martirio, que bien es sabido que no cualquiera tiene la decisión y agallas para subirse a una tarima y explicar trigonometría, anatomía o análisis sintáctico.
En cualquier caso y para pedir perdón a todos esos alumnos denostados e incomprendidos por todo tipo de profesores, aquí les dejo con uno de esos títulos clásicos sobre males docentes, males escolares: Lucas (en el original Michael, paradojas de las traducciones…), de Tony Bradman y Tony Ross, editado en castellano por la editorial Océano.

lunes, 11 de octubre de 2010

De complejos físicos

En este tiempo de tanto aburrimiento, nos atenazan los complejos, por lo que más nos valdría picar piedra que reinar sobre la longitud de nuestra nariz o lo superlativo de los incisivos que nos han tocado sufrir. Para no hablar de michelines y patas de gallo, hablemos de otros temas menos acusados que siempre es mejor hacerse el orejas que pensar sobre ellas. Pero, ¡ay!, lo peor de todo no es acomplejarse a uno mismo, sino amargarle la vida al vecino con sonoros comentarios sobre las gafas de culo de vaso que se gasta. Que mire usted la barriga de la Conchi, y si no la ve, fíjese en la del señor Zutano, de buen comer y poco andar, por no hablar del mondongo de la sita Eulalia, del tamaño de una mesa camilla. Lo sensato sería no hacer tales observaciones, más hirientes que constructivas, aunque seguramente más de un cirujano plástico las agradece de buen grado, bien sea para engordar su cuenta corriente a golpe de bisturí o por la publicidad gratuita que de ellos se hacen. El caso es que estamos para que nos encierren bajo llave y a buena cautela, no sea que salgamos por peteneras y pidamos leyes eugenésicas, más que nada para homogeneizar el asunto y que no existan muchas diferencias entre ese hijo de Paquirri que se ha metido a modelo, el Risitas y el Cuñao.
Lo mejor de todo viene cuando, tras hacer cola en Corporación Dermoestética® (según me comentaron el otro día ciertas aficionadas a estas prácticas, no nos podemos hacer una idea de la cantidad de personal dispuesto a mutilarse en favor de la aceptación social) y sufrir los riesgos e inconvenientes que conlleva cualquier operación, llega un hijoputa y te confirma que antes de pasar por el quirófano estabas mucho mejor.
Y para que no se acomplejen y dejen que todo quisqui contemple su cuerpo serrano para disfrutar de la belleza de las imperfecciones, les hago llegar este gris lunes de octubre, la reedición de todo un clásico del álbum ilustrado, El rey mocho, una sencillita fábula de Carmen Berenguer con ilustraciones de Carmen Salvador (ediciones Ekaré) que aboga por obviar esos pequeños lastres con los que nos jode la naturaleza.

viernes, 8 de octubre de 2010

Madre no hay más que una



Y tras alegrarnos por Vargas Llosa y su merecido Nobel, llega otro viernes de poesía…
Soy un catacaldos. No lo puedo evitar. No teniendo bastante con el trabajo y otros quehaceres que ya se han convertido en obligatorios, intento exprimir al máximo el poco tiempo que me resta y me dedico a estudiar todo tipo de enigmas, desde lingüísticos, hasta medioambientales, cuestión que no sólo debo agradecer a mi voluntad, sino a la de mi madre, esa gran mujer que se dedica a cocinar todo tipo de manjares en pro de nuestro provecho, tanto gastronómico como intelectual. ¡Lástima que no tenga tiempo para ayudarme con el alemán!

Mi madre no sabía idiomas
pero era tan cariñosa…;
me decía que con empeño
puedes lograr cualquier cosa.

Mi madre no sabía idiomas
pero hablaba con las fresas,
me hacía ensaladilla rusa
y tortilla a la francesa.

[…]

Aurelio González Ories.
Mi madre.
Ilustraciones de Job Sánchez.
2010. Oviedo: Pintar Pintar.

miércoles, 6 de octubre de 2010

De fútbol, patrias y hogares


Una crisis económica da para mucho, incluso para ganar el campeonato mundial del deporte rey. ¿Quién nos iba a decir que el equipo español de fútbol iba a erigirse con semejante título? ¿A nosotros, que siempre estamos ganando todo de antemano y luego solemos comernos un mojón? Pues eso, que ganamos. Y ya está.
Dejando a un lado las lecciones de buen hacer que “La Roja” demostró en el campo, del orgullo que siente uno cuando un paisano sentencia el último partido, las demostraciones del trabajo en conjunto y la necesidad de apoyo y humildad en cualquier parcela de la vida, me gustaría hacer ver lo valioso del sentimiento ciudadano que, tras el éxito en Sudáfrica, aleccionó a los ¿gobernantes? de este país.
Creen los que parten el bacalao político, económico o cultural, que la plebe, rayana a la ignorancia, se deja manipular por la mercadotecnia burda y barata, hambrones de poca monta que venden su pellejo y voto al mejor pesebre. Pero el caso es que las clases bajas, obreras, lumpen o como quieran llamarlas, tienen un bagaje visceral que las capacita, colectiva más que individualmente, para mandar a la mierda a tanto chufla y aspirante, e irse a la calle engalanadas con la enseña nacional y hacer alarde de la patria más profunda: la que queda en el corazón. Por eso, lo que impregna al pueblo, pervive por los siglos de los siglos, amén.
Con seguridad, la resaca futbolera ya pasó, y sólo queda un vago recuerdo del gol de Iniesta y del “Viva España” que entonó Manolo Escobar, pero es un consuelo saber que siguen existiendo puntos que unen todos los caminos.
Y si esta crisis cuya existencia algunos negaban, nos ha permitido bordar una estrella sobre el escudo de la camiseta de nuestro equipo, espero que también nos ayude a valorar esta patria nuestra, a luchar por el futuro de este país, la España que recorrió Labordeta, para sentirnos, no como en un habitación alquilada, sino como en el propio hogar, como en casa.

Sowerby, J. G. & Crane, Thos. 2010. En casa. Barcelona: Flamboyant.

lunes, 4 de octubre de 2010

Sobre la suerte...


Dejando atrás un domingo de membrillos, membrillas, elecciones primarias, ganadores y perdedores, sólo cabe hablar de esa paradoja llamada “suerte”.
Hagámoslo pues.
De sobra sabemos que tras la suerte de unos se encuentra la desgracia de otros, aunque a veces el azar se gaste una buena jugada y lo que en un principio se figuraba un buen crujir de dientes pueda mutar en la mejor de las casualidades y avale eso de “lo que viene, conviene”. “No hay mal que por bien no venga” dicen los viejos para paliar el descontento del poco agraciado, pero meditándolo con descanso y buena lógica, concluiremos que la suerte de la fea la guapa la desea… Bien sea por infortunio, avaricia o envidia, casi todos opinamos que un poco más de suerte no nos vendría mal; el fastidio es el de contentar a todo bicho viviente, dura tarea para la providencia, incapaz de un reparto equitativo, más aún cuando para cultivar la buena estrella es necesaria una bien amueblada cabeza. En cualquier caso seamos solidarios y compartamos más alegrías que penas que, cuando todas las desgracias vienen a una, mal no viene una pizca de la suerte infinita que muchos se granjean, en la mayoría de los casos por obra humana más que divina.
Tema complejo donde los haya, sobre todo por esa naturaleza híbrida que mana de lo místico y lo mundano, lo mejor es dejarse ilustrar por uno de esos libros ilustrados que tanto gustan al personal que visita este lugar… Bruno, la oveja sin suerte, un título de la francesa Sylvain Víctor (editorial Océano Travesía) que versa sobre los pormenores del que cree ser desgraciado y de los que, supuestamente, tienen una flor en el culo.
Para terminar y pese a quien pese, déjenme decir que, a menos que hayan nacido en mitad de una guerra civil congoleña o a orillas de la taiga siberiana, olviden todo esoterismo y trabajen su misma suerte, esa capaz de labrar una mejor vida, de progresar a pesar de esos tropiezos que nos hacen caer en la desesperanza.

viernes, 1 de octubre de 2010

Mirada de felino


Observar (que no mirar) el mundo con buenos ojos nos puede salvar de más de una sorpresa, por ello acostumbro a hacer este ejercicio diario de musculación encefálica (la otra es más útil para lucir ropa a medida). Insisten muchos en que no se me escapa nada (¡qué más quisiera yo!), ni de unos, ni de otros, permaneciendo ojo avizor, observándolo todo, como un felino, como un gato…

Los ojos del gato
que no parpadea
son grandes ventanas
que nunca se cierran.

El mundo es pequeño
para su mirada,
todo lo descifra,
nada se le escapa.

Con su enorme vista
toca el infinito
vestido de estrellas
y allí se sorprende
de verse a sí mismo
en otro planeta
mirando a la tierra.

Los ojos del gato
que no parpadea
a veces se asustan
de lo que contemplan.
Ana Merino.
Poema del gato que no parpadea.
En: Hagamos caso al tigre.
Ilustraciones de Max.
2010. Madrid: Anaya.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Derechos, libertades, huelgas generales y otras historias un poco raras


Para David, que vive en pura gangrena.
Con certeza a más de uno/a (sobre todo a todos aquellos que viven en grandes urbes) le hubiese encantado enganchar del cuello a algún liberado sindical y apretar su gaznate hasta verlo morir de asfixia… Pero como se supone que somos personas civilizadas (repito: se supone) y vivimos en una social-democracia en la que la solidaridad es la piedra angular para que cualquiera, con la mínima excusa, nos dé por el culo, no hay que alarmarse ni desenterrar el tomahawk, que todos somos ¿hermanos?
Altercados varios y piquetes aparte, todavía sigo buscando alguna mente lúcida que me explique contra quien va dirigida esta huelga un tanto tardía y a la desesperada… Tras mucho pensar (fíjense en lo que dan de sí los cuarenta y cinco minutos de viaje hasta el puesto de trabajo) he llegado a la conclusión de que este levantamiento sindical (calificarlo de obrero ya sería decir demasiado) se ha urdido en contra de los que trabajamos o al menos lo intentamos. Lo siento en el caso de que ofenda su sensibilidad, pero manda pelotas que el derecho de unos atente con la libertad de otros, sobre todo si ambas están amparadas por la carta magna, por lo que lo más necesario en todo este tinglao es un buen abogado laboralista, no sólo para luchar por un salario justo y digno, no sólo para enfrentarse al despotismo empresarial, no sólo para compaginar la vida laboral con nuestras otras vidas, sino para arrollar a los farsantes que se hacen llamar libertadores, para hacer evidente que, si uno no se preocupa por la calidad de su propio trabajo, nadie, se haga llamar Estado, se haga llamar sindicato, se haga llamar esbirro, lo hará.
Y tras desplumar esta gallina tan suculenta que hoy nos ha traído la actualidad, sólo me queda decirles que el aquí firmante, de lo único que tiene buena gana es de jubilarse, dar por finalizada la vida laboral y escuchar otras Historias un poco raras de una sola imagen que no dan para tanta cábala, como esas que Pilar Roca ha recopilado y publicado en la editorial Mil y un cuentos-M1C.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Otoñales


De súbito y por fiel mandato del calendario, ha arribado el tan poco esperado otoño, ese que arremolina las hojas en los soportales y bufa a través de las rendijas.
La verdad es que se veía venir que las estaciones de este año iban a ser muy académicas, casi de libro, cosa rara en los países mediterráneos, donde, por cuestiones de demasiado sol y poca lluvia, nos conformamos con dos: el invierno y el verano. En cualquier caso se agradece semejante transición meteorológica, porque cuando el invierno nos asusta de golpe y porrazo, la nariz se torna inerte y los riñones crujen de frío... Me conformaré con ver brotar de la tierra el azafrán que de color nazareno tiñe los campos y llenarme el buche de los hongos más variopintos (a ver si este año hay más suerte con los alumnos y se pierden entre los pinares con tal de agradecerle a este humilde maestro las lecciones que imparte…).
Y para empezar esta temporada de musgo y árboles desnudos, de lluvia y bombillas tempranas, les sugiero un título que se me antoja muy otoñal, La leyenda de Sleepy Hollow, de Washington Irving (si he de recomendar alguna edición me decanto por la de la editorial Alba, un alarde de exquisitez si atendemos a las ilustraciones de Arthur Rackman), una de esas historias sencillas con bastante misterio que han arraigado en la cultura popular, sobre todo norteamericana. Y se preguntarán: “¿Por qué otoñal?” Reside en el ideario colectivo esa premisa de que el miedo, la tensión y otros tembleques, han de ambientarse con carámbanos, temperaturas bajo cero y nieve para parar un tren, cuestión creo que debida a Hollywood y sus producciones. Pero, si tuviera que elegir una ubicación climática para cualquier historia truculenta, me decidiría por las lluvias constantes del otoño, la luz apagada del otoño, la desnudez de los bosques en otoño, la fuerza del viento en otoño, el barro en otoño y la soledad del otoño. ¿Y ustedes? ¿Qué eligen?

viernes, 24 de septiembre de 2010

Oda librera


Y como primer viernes del curso librero que nos ocupa, ¡qué mejor que una oda al mundo de las páginas! ¡Feliz fin de semana! Descansen, que ya me encargaré yo de machacar el cuerpo…

En el mundo de los libros,
puedes vivir muchas vidas
y ser alguien muy distinto.

En el mundo de los libros,
lo que se cuenta es verdad
aunque no haya sucedido.

En el mundo de los libros,
hay ciudades invisibles
donde ves lo nunca visto.

En el mundo de los libros,
ayer puede ser mañana
y el futuro ser hoy mismo.

En el mundo de los libros,
se atraviesan los espejos,
cualquier límite prohibido.

En el mundo de los libros,
todos los libros del mundo
llevan dentro un sueño escrito.

Juan Carlos Martín Ramos.
En el mundo de los libros.
En: La alfombra mágica.
Ilustraciones de Cristina Müller.
2010. Madrid: Anaya.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Reencontrarse


Son Torremolinos, Gandia, El Puerto de Santa María, Sitges o Benidorm, abanderadas de primer orden de las costas españolas, cosa que los veraneantes agradecen a manos llenas (de billetes, se sobreentiende…), pero como el que aquí se expresa es hombre de secano, casi un melón de piel de sapo, se encerriza en elegir Madrid como destino de sol y ¿playa? (¿Quién dijo que París bien vale una misa que lo hincho?... Menos mal que no soy madrileño de chotis y rosquillas listas, porque habría que soportarme a base de rosquillas tontas y algún que otro Tranquimazid®…). Por ello, ni corto ni perezoso, allá por el mes de julio, cuando el calor apretaba y aprovechando unos días entre examen y examen, enganché el macuto y me perdí por calles como la del Pez o la de las Infantas. Y perdido como estaba me dediqué a encontrarme: que si buscando este ensayo en la cuesta de Claudio Moyano, que si degustando un par de cañas en “Casa Parrondo”, que si unos fideos chinos en el subterráneo de Plaza de España, que si desde Cascorro a la Plaza de la Beata me encaramo a la terraza de “La Casa Encendida”, que mire usted los goles que le zampamos a los alemanes, ¡y a semifinales! (Nota: la semana que viene les prometo una de fútbol y chovinismo), que si esto, que si lo otro, que si lo de más allá…, pero ¡Ay Carmela! la banalidad no dio para más y quiso truncarse cuando pasé por la puerta de una buena librería (¡Soy humano, odo!) y no pude resistir la tentación de echar una ojeada rápida a los títulos de reciente (a estas alturas no tan reciente) factura…
Podría recomendarles unos cuantos de los que allí leí, pero quizá el más apropiado para esta segunda reseña de la temporada y puesto que en la primera no nos dimos el pertinente abrazo de amigos que se vuelven a ver tras un tiempo, sea El encuentro, una pequeña historieta gráfica para primeros lectores de Enrique Flores y editada por El jinete azul que, con trazo vigoroso y en pocas páginas, nos habla de eso mismo, de los reencuentros.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Rentrée


Es una verdadera lástima empezar este curso con tan poca gana, pero como sé de su comprensión, con toda seguridad me disculparán… Pero no se apenen, no, ya que tamaño cansancio tiene su origen en un derroche de energía ilimitado, que bien pensado, no es todo lo malo. Aunque vendrán tiempos mejores para ustedes, lectores, le digo adiós al verano con una pérdida de fuelle paulatina: tanto trajín estival, en vez de terminar con la reserva de grasa que tenía en el abdomen (¡malditas seáis, cervezas!), ha provocado cierta somnolencia cerebral, lo que se traduce en perrear sin límites al amago de una sombra bienhallada. El caso es que les podría contar todo tipo de triquiñuelas, pero es mejor narrárselas paso a paso, no sea que sufran un vahído y necesiten asistencia sanitaria.
Por lo pronto les tengo que informar de que soy un recién estrenado funcionario en prácticas. Den crédito a sus ojos y mis palabras: sí, el nene se ha “colocao”. Nadie dijo que fuese fácil, tampoco difícil, pero todos sabemos que, hasta que llega la hora de hacerse con una plaza en la Administración, el periplo es un auténtico coñazo. De ahí parte de mi alegría, como comprenderán…, aunque les he de confesar que el éxito no se me ha subido a la pituitaria y sigo siendo el mismo mentecato que se pirra por una buena juerga y muchos libros para niños. Entiéndanme, no está la vida ni la cuenta corriente para menospreciar un trabajo fijo, pero tampoco hay que basar nuestra efímera existencia en los logros profesionales, porque entonces, poquito a poco, nos iremos apocando y quedaremos abandonados, marchitos, perdiendo la noción de lo qué es eso que algunos llaman “felicidad”. Y para ilustrarse, sírvanse de un ejemplo con el que me he chocado estos meses pasados, Cómo fracasé en la vida, de Bertrand Santini y Bertrand Gatignol, editado por Thule, en cuyas páginas podrán encontrar dónde se halla el corazón de las cosas.
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