miércoles, 22 de marzo de 2017

Un álbum imprescindible sobre álbumes imprescindibles


Aunque debería haber reservado este título para el Día del Libro Infantil, no he podido resistirme a vociferar por todos los rincones de este lugar que ya tengo en mi poder Los cuentos entre bambalinas, un libro de Gilles Bachellet recientemente publicado en nuestro país por Thule.
¿Y por qué debería de haberme esperado al 2 de abril para reseñarlo? Sencillamente porque este álbum es un maravilloso homenaje a los cuentos y libros para niños, mayormente a los álbumes. Aunque tiene una características técnicas más que destacables, son estos guiños a personajes y obras tan conocidas de la LIJ lo que lo convierten en un imprescindible para maestros y bibliotecarios (¿Me han oído? ¡Im-pres-cin-di-ble!).
Este libro se sitúa en un teatro (o quizá el rodaje de un metraje), de tal forma que la página izquierda de cada doble página hace alusión a momentos, profesionales o espacios que vertebran las artes escénicas y posibilitan la buena marcha de la función (el despacho donde se firma el contrato, la zona de maquillaje, la mercadotecnia, el guardarropa, el vestuario, las duchas...). Es por ello que, en cierto modo y si nos refiriésemos sólo al texto, el autor ha pergeñado un libro informativo.


Pero lo realmente interesante viene luego cuando entran en acción las ilustraciones... Aunque la relación que establecen los textos y las imágenes se podría encuadrar dentro de la complementación, ya que la acción descrita con ambos lenguajes es la misma aunque enriquecida, sí que podemos hablar de un álbum ilustrado en toda regla ya que palabras e imágenes funcionan como un todo y unas quedarían vacías sin las otras.


Quizá lo más interesante para todos aquellos que se dedican a la animación a la lectura, sea lo metaliterario, lo metaficcional de este librito (N.B.: Añado el sufijo diminutivo porque es de pequeñas dimensiones: manejable). Las alusiones a álbumes muy conocidos como La pequeña oruga glotona de Eric Carle, el lobo protagonista de muchos libros de Mario Ramos, los personajes del Cosita linda de Anthony Browne, el Pomelo de Benjamin Chaud (gran amigo del autor), el Elmer de McKee o el famoso Gerónimo Stilton, son de gran valor a la hora de dar peso a muchas historias que conviven en las estanterías de las bibliotecas. Estos personajes y las alusiones a su carácter nos ayudan a ampliar el universo de la lectura (N.B.: Señalo que este libro me ha abierto las puertas a otros libros que desconocía, sobre todo a muchos personajes de los álbumes franceses que no han tenido repercusión en nuestras fronteras, pero que allí son de sobra conocidos. Así que también podríamos decir que tiene un gesto por la internacionalización de la literatura infantil de dicho país) y afianzar en el ideario de los pequeños lectores estas creaciones literarias que tantas alegrías nos han dado.


Aunque este autor gusta de disyunciones para elaborar su discurso humorístico (no olviden El caballero impetuoso o Cuando mi gato era pequeño) en este libro se centra en la descontextualización y lo paródico, unos recursos que utiliza en ocasiones con cierta ironía y humor negro. Elige bien a los protagonistas de cada escena y les asigna papeles esperados o inesperados, pone en duda el discurso creado por sus verdaderos autores y plantea dicotomías muy interesantes (esa imagen en la que aparecen Los tres bandidos de Ungerer le van a sacar las corás a un inocente Perico -Beatrix Potter- es genial, porque asigna a estos personajes papeles antagónicos a los que en realidad tienen: recuerden que el conejo era el travieso y crápula mientras que el trío de bandoleros al final resultan ser bondadosos).


Resumiendo: juega y se divierte a manos llenas con esto de los libros ilustrados, cosa que me encanta. ¿Y a usted?

martes, 21 de marzo de 2017

Cuentos en forma de poesía


Se ve que hoy es el día de la poesía (¡Hay tantos días y tan poco tiempo...!) y bibliotecas, librerías, centros de enseñanza y redes sociales se llenan de versos, rimas asonantes, algún romance, muchos alejandrinos, sonetos y greguerías. Teniendo en cuenta que este año, además, es el de Gloria Fuertes y más de un recital sonará a ella (todas estas efemérides me hacen mucha gracia, más si cabe cuando hace tres escasos meses, de Doña Gloria nos acordábamos cuatro gatos... ¡Y que viva el postureo! ¡Hasta en poesía! “My God...”), yo he decidido desmarcarme. Ya tendré tiempo de rendirle sentido homenaje a tenor de su obra infantil, una de la que, parece ser, muchos se han olvidado con tal de darle boato.
Así que, sin más preámbulos y considerando que este es un lugar donde la Literatura Infantil pasea a sus anchas, qué mejor que unos versos sobre cuentos de ayer, hoy y siempre de la mano de Gabriela Mistral, un puñado de generosos ilustradores y la editorial Diego Pun en nuestro país (estaba en deuda con esta colección de Amanuta premiada en Bologna hace tres años), una casa canaria que está haciendo una gran apuesta por la poesía para niños. Ahí van estas estrofas, que bien valen un brindis en este día de versos.


Caperucita visitará a la abuela
que en el poblado próximo sufre de extraño mal.
Caperucita Roja la de los rizos rubios,
tiene el corazoncito tierno como un panal.

A las primeras luces ya se ha puesto en camino
y va cruzando el bosque con un pasito audaz.
Sale al paso Maese Lobo, de ojos diabólicos.
Caperucita Roja, cuéntame adónde vas”.

[...]

Gabriela Mistral.
Caperucita Roja.
Ilustraciones de Paloma Valdivia.
2014. Santa Cruz de Tenerife: Diego Pun Ediciones.


Cenicienta, Cenicienta,
pegada al fogón se pasa
y el hollín la va cubriendo
como penitente saya.

[…]

Gabriela Mistral.
La Cenicienta.
Ilustraciones de Bernardita Ojeda.
2014. Santa Cruz de Tenerife: Diego Pun Ediciones.


Aunque tiembla del espanto,
va siguiendo a la otra sala.
Hay un dormitorio blanco
que cabe en una mirada,
y tiene siete camitas
tan suaves como la nata;
son de largo de un jazmín
las menuditas almohadas;
las colchas son siete hojas
de una col encenizada
Con que miedo Blanca Nieve
se va acercando y las palpa,
y sonríe cuando ve
que no se le desbaratan.
Elige una que está oculta
y se siente fatigada,
como en una gota de agua
que en otra gota descansa.

[...]

Gabriela Mistral.
Blanca Nieve en la casa de los enanos.
Ilustraciones de Carles Ballesteros.
2014. Santa Cruz de Tenerife: Diego Pun Ediciones.


Hace tantos, tantos años
que imposible es el contar,
que a dos reyes nació un día
una niña divinal.

Era linda, linda como
si no fuese de verdad;
Era linda como un sueño
que de hermoso hace llorar.

Al bautizo de la infanta
el rey quiso convidar
a las hadas, que reparten,
como harina, el bien y el mal...

[...]

Gabriela Mistral.
La bella durmiente del bosque.
Ilustraciones de Carmen Cardemil.
2014. Santa Cruz de Tenerife: Diego Pun Ediciones.

lunes, 20 de marzo de 2017

Grandes figuras de la ilustración LIJ (XX): Uri Shulevitz


Lunes. Acabo de inaugurar la semana y ya empiezo a notarme algo cansado. Lo mejor será prepararme un suculento desayuno (si quieren echarle un vistazo a lo que me zampo casi todas las mañanas, visiten el nuevo hueco que he abierto a los monstruos en Instagram) y ponerme a leer un álbum de esos que te hacen más llevadero el día...
Todo sobre la mesa. Viaje relámpago a la estanteria y ¡voilá!, Un lunes por la mañana de Uri Shulevitz (Fondo de Cultura Económica). Entre bocado y bocado empiezo a pasar las páginas de esta aventura en la que la fantasía tiene mucho que decir. Ese niño que inventa un mundo paralelo en el que soñar libremente se parece mucho a Max, el de los monstruos, aunque en este caso sea para hacer menos monótono y más esperanzador el día a día. Me encanta este libro en el que tristeza y alegría son contrapuestas, el gris cotidiano y lo colorido de la fantasía, en el que lo ordinario y lo extraordinario se abrazan finalmente en pro de una infancia digna donde la felicidad y la capacidad del ser humano por conseguirla priman sobre la cruda realidad.



Estas imágenes pertenecen a Un lunes por la mañana (Fondo de Cultura Económica)

Estoy yo en estas cuando, de repente, me viene a la cabeza que nunca he hablado de este gran autor de álbumes infantiles que reúne varias de esas coincidencias entre los genios del libro-álbum. Así que, para enmendarme, me pongo al quite para profundizar un poco más en la vida y obra de Uri Shulevitz...
Uri Shulevitz nace el 27 de febrero de 1935 en Varsovia (Polonia) en el seno de una familia judía. Empieza a dibujar a la edad de tres años, una afición que sus padres le animan a cultivar durante la infancia y la juventud. Un año después, en 1939, comienza la Segunda Guerra Mundial y una bomba destruye el edificio que habita su familia por lo que deciden abandonar el país. Viven como exiliados durante ocho años, buena parte de estos en Kazajkstán, donde vivirán compartiendo una minúscula habitación con otras personas en condiciones paupérrimas.


Imagen para Cómo aprendí geografía (SM).

Tras recorrer gran parte de Centroeuropa, en 1947 se asientan en París, Francia. Es entonces cuando se desata en Shulevitz el interés por el mundo de la ilustración a raíz de encontrar un libro ilustrado abandonado a orillas del Sena. Inspirado por este, empieza a dibujar sus propios cómic cuyos guiones ideaba uno de sus amigos. Y así llega su primer premio: con 12 años gana un concurso de dibujo organizado por las escuelas de su distrito.
En el año 1948 la familia Shulevitz se traslada a Israel, donde Uri emplea su tiempo en los trabajos matutinos con los que contribuye a la economía familiar, las clases vespertinas y su aprendizaje como fabricante de sellos de caucho. Entretanto, Uri aprovecha cualquier momento para leer y seguir escribiendo sus propias historias. Cabe destacar que, a los quince años, es el artista más joven en exponer su obra en el Museo de Tel Aviv.



Las dos imágenes pertenecen a Dawn (inéd. en castellano)

Termina con la educación secundaria y estudia ciencias y literatura en el Teacher's Institute y arte en el Art Institute de Tel Aviv, actividades que compagina con las clases privadas que recibe del pintor Ezekiel Streichman. En 1958, después de dos años realizando el servicio militar obligatorio (N.B.: Algo que creo no ha cambiado), se incorpora en Ein Geddi Kibbutz, una granja cooperativa cercana al Mar Muerto, donde permanecerá un año.


Imagen para Cuando me visto de marinero (Juventud)

Tras esta etapa en Israel y con 24 años, Uri Shulevitz viaja a Nueva York y se matricula en la Brooklyn Museum Art School. En ese tiempo recibe su primer encargo como ilustrador para un editor de libros infantiles hebreos, un trabajo muy encorsetado en el que Shulevitz dibujaba bajo una estricta supervisión y en base a unos bocetos prefijados, pero que le ayuda a ir forjando su estilo tan característico.


En 1963 publica su primer álbum, Moon in my room (Harper & Row), un libro en el que un niño viaja alrededor del mundo sin moverse de su habitación, que tiene una gran acogida entre el público infantil y con el que comienza una carrera imparable en el mundo de la ilustración de libros para niños. Así, pone sus imágenes al servicio de los textos de Charlotte Zolotow (A rose, a bridge and a wild black horse), H.R. Hays y Daniel Hays (Charley sang a song), Mary Stolz (The mistery of the woods y Maximiliam's world) o los hermanos Grimm (The twelve dancing princesses).


Imagen para Un lunes por la mañana (Fondo de Cultura Económica).

Su apuesta por el poder de la imaginación, una constante en su obra, vuelve a aparecer en Un lunes por la mañana (One Monday mornig), su segundo álbum ilustrado (1967), que se inspira en una canción tradicional francesa que a modo de retahíla añade personajes. A este le siguen otros ábumes como Rain rain rivers (1969), donde vuelve a explorar la magia de los días de lluvia, Oh what a noise! (1971), The magician (1973), Dawn (1974) o The Treasure en 1979 (de este libro hay una edición en español publicada en Latinoamérica por Mirasol libros juveniles). Simultáneamente, Shulevitz sigue ilustrando obras de otros autores como Arthur Ransome (The fool of the world and the flying ship, libro que obtiene la Medalla Caldecott en 1969), Jan Wahl (The wonderful kite y Runaway Jonah and other tales), A. Afanasiev (Soldier and Tsar in the forest: a Russian tale), I. B. Singer (The fools of Chelm and their history y The Golem) o R. L. Stevenson (The touchstone).



Imagen para Rain rain rivers (inéd. en castellano).


Imagen para El secreto (Mirasol libros juveniles)

Llegamos a la década de los noventa y aparecen otros álbumes ilustrados que dejan entrever la madurez artística del autor, como Toddlecreek post office (1990), The secret room (1993), The golden goose (1995), y su aclamado (mi favorito), Snow (1998) que como Un lunes por la mañana constituye un ejemplo de cómo los niños son capaces de cambiar la realidad y se enfrentan ante los prejuicios adultos en un acto de rebeldía, en este caso simbolizado en un día de nieve que nadie excepto el protagonista cree que vaya a acontecer (No es de extrañar que Snow obtuviera una mención en los Caldecott de 1999...). En todos estos títulos destaca un trabajo minucioso, donde las escenas están estudiadas, se denota una secuenciación perfecta que tiene mucho que ver con la concepción cinematográfica que de los libros tiene el autor y que él mismo ha confesado en diversas ocasiones.






Todas las imágenes pertenecen a Snow (inéd. en castellano).

En el nuevo milenio Shulevitz, que a día de hoy cuenta con más de 82 años y casi media centena de libros publicados, ha creado varios álbumes propios: What is a wise bird like you doing in a silly tale like this? (2000), The travels of Benjamin of Tudela: Through three continents in the Twelfth Century (2005), So Sleepy Story (2006), How I learned geography (2008, editada en castellano por SM. Cómo aprendí geografía no deja de ser una autobiografía tomando como excusa sus viajes de niñez que recibió una mención de honor Caldecott en el 2009), When I wore my sailor suit (2009, publicada en nuestro país por Juventud bajo el título Cuando me visto de marinero y que vuelve a ahondar en el poder de la fantasía como medio de diversión infantil), Dusk (2013) y Troto and the trucks (2015); una serie de libros que junto con los anteriores le han llevado a recibir innumerables galardones entre los que destacan el Charlotte Zolotow Award, el Golden Kite Award, incluyendo todos los ya citados.



Imagen para Cómo aprendí geografía (SM).



Imagen para Dusk (inéd. en castellano).

El estilo de sus ilustraciones, con gran identidad y muy reconocible, es bastante lineal y clásico en cuanto a técnicas se refiere (suele trabajar con tinta y aguadas de colores). Shulevitz suele prescindir de muchos detalles en las composiciones de sus imágenes y se centra en la acción, algo que podemos constatar en muchos de sus libros donde, a pesar de interaccionar con el lector, lo hace desde las figuras principales que estáticas o dinámicas (me encanta esa dualidad de muchas de sus obras) danzan al son de la narración. Es frecuente encontrar sus imágenes al servicio de la literatura de autores judíos, incluidos dentro de la tradición yiddish o protagonizados por personajes con este origen. Las temáticas son diversas y en todas ellas hay espacio para el humor, el mundo de la fantasía y los guiños a la infancia, algo que él mismo explica de maravilla en su libro Writing with pictures: How to write and illustrate children's books (1985).


viernes, 17 de marzo de 2017

¡100 velas para el TBO!





Hoy (o el sábado pasado, todavía no está muy claro...) se cumplen cien años de la aparición del primer TBO, la revista infantil española por excelencia que, desde 1917 hasta el año 1998, se publicó interrumpidamente (ya saben que estas publicaciones suelen tener lo que se llama épocas, que en este caso dependieron de tres editores, Buigás, Estivill y Viña hasta 1983, Bruguera hasta el año 1988, y Ediciones B hasta el 98) para disfrute y deleite de niños y jóvenes de varias generaciones. Las peripecias de Josechu el vasco (J. Muntañola), Altamiro de la cueva (J. Bernet Toledano) Obseso Pisafondo (J. Rovira) Melitón Pérez, Morcillón y Babalí, el ocurrente profesor Franz de Copenhague, la entrañable familia Ulises (todos ellos de Benejam) y muchos otros personajes llenaron las páginas de esta revista semanal o mensual (dependiendo de las ya citadas épocas) que, además de dar nombre en castellano, “tebeo”, a lo que otros llaman “cómic” (RAE dixit), fue testigo de la historia de nuestro país durante el siglo XX, y dio mucho quehacer a todos aquellos padres que tenían que escuchar las quejas de sus hijos mientras se quedaban prendados de sus portadas en los kioskos...

Me cuentan mis papas, que cuando yo nací
papá con ilusión decía siempre así:
que hablara pronto yo, que tenía un gran deseo,
y verme a mí leer los cuentos del TBO.

Y ahora el pobre está
que no hay quien lo soporte
porque mi mamá
le trajo tres de un golpe.
Cuatro somos ya
que pedimos a papá:

Yo quiero un TBO,
yo quiero un TBO,
si no me lo compras lloro y pataleo
Yo quiero un TBO,
yo quiero un TBO
y me estaré muy quieta mientras me lo leo.

[…]

Yo quiero un TBO.
1930.
Letra de Mercedes Belenguer.
Música de Francisco Codoñer.


jueves, 16 de marzo de 2017

Del individuo y la sociedad


Aprovechando que el invierno se asoma por las rendijas, nos hemos sumergido en el periodo de evaluaciones. Mientras echamos la tarde discutiendo sobre aprobados o suspensos, y constatando que son muchos los casos de ansiedad que se dan entre los alumnos de cursos superiores, me ha dado por cavilar sobre ciertos asuntos que, aunque asoman la cabeza en el ámbito escolar, sí se relacionan con lo mundano, a mi juicio todavía más importante.
De unos años a esta parte empiezan a crecer entre/sobre/bajo los pupitres chicos de toda condición que, hastiados por el presente futurible, sumergidos en variopintas frustraciones (de origen ficticio casi siempre) y unas expectativas (de las que se han adueñado sus familias y la sociedad aunque digan que no), empiezan a sufrir los sinsabores de lo adulto, esa condición que nos hace mártires en vez de actores.


Estas generaciones de “millennials” (así los llaman), a pesar de estar muy preparados en lo académico (les aseguro que yo no hincaba tanto los codos), no les va igual en lo que atañe a su relación con el mundo. Sí, ya sé que muchos lo van a achacar a la desestructuración familiar, a internet y sus males (¿Y ustedes? ¿Qué hacen ustedes en un bitácora digital como esta?), o al Sálvame Deluxe, pero la cosa va más allá...
Lo primero de todo es admitir que nuestros niños y adolescentes (occidentalmente hablando) están demasiado expuestos a los problemas de los adultos, conviven con ellos y eso les hace partícipes de algo que, lamentablemente, no les pertenece y que en parte es resultado de una serie de privilegios.
En segundo lugar hay que hablar de la disyunción que existe entre el mundo real y el mundo fiticio, y no me refiero precisamente a literatura, sino a toda una suerte de mensajes inconexos que se relacionan con discursos erróneos que se vierten a diestro y siniestro sobre nuestras cabezas (Al final llevaba razón Vercingétorix) desde el mundo de la política, la cultura o los medios de comunicación, y que tienen poco que ver con lo que se vive de primera mano.


Ejemplos... Hago cola para pedir un litro de calimocho (sí, me encanta) y escucho a los quinceañeros de al lado vomitando las mismas consignas que los tertulianos de la Sexta... Riego las jardineras del pasillo y me sorprendo mientras dos compañeras de trabajo dicen que para tener hijos nunca se es viejo (N.B.: ¿Qué científico habrá dicho esto? ¿No sabrán que los ovarios comienzan a degenerar a partir de los 27 años de edad?)... Me pongo a hablar con el Pacote (de libros) y tengo que buscar un afilalápices con el que segarme las venas ¿Pos no me dice que supone que El señor de las moscas tendrá moraleja?... Y si no otra coleguita mía, aficionada a las artes escénicas, que se pasa el día diciendo que la derecha se está cargando la Cultura (Se ve que no se ha enterado de la que ha liado Podemos con la programación teatral de Matadero-Madrid...) porque aboga por el sistema económico liberal (¿Perdona? Si algo tienen claro todos los políticos es que “Lo mío para mí y lo de los demás, a repartir”).
Vivimos capados por lo que nos dice la opinión publica y cohibidos por los idearios de los círculos cercanos (y lejanos). Esto conlleva a una lucha contra nosotros mismos (¿Lo podemos llamar autocensura?), lo que, desgraciadamente, hace naufragar nuestras esperanzas y trunca el disfrute de los días (si es que en algún momento existe). Lo políticamente correcto y las paradojas llenan el mundo que pisamos, lo engullen y de paso vuelven locos a muchos ciudadanos, incluidos los jóvenes.


Todo esto me ha llevado hasta uno de esos libros muy sesudos (Sí señores, como los que nos gustan) que habla de la relación entre el individuo y la percepción que éste tiene del mundo. El niño raíz, un álbum de Kitty Crowther (Lóguez) la mar de interesante y con el que hasta hoy no había alimentado a los monstruos, además de hablar de soledad, de introspección y del hombre como ser social, también habla de los lastres personales y de las hermosas catarsis que surgen cuando percibimos el mundo lejos de clichés, prejuicios o propagandas. Es así como su protagonista deja de ser la misma, muta su percepción de lo que ella creía que debía ser el mundo y decide explorar nuevos caminos.
Sí, es cierto que podemos hacer una lectura meramente argumental, y que, indagando en las capas discursivas que subyacen en esta historia donde la fantasía desempeña un papel fundamental, podemos encontrar referencias a la evasión de la realidad a través de los sueños (acuérdense de Max y del libro que da nombre a este blog), el viaje iniciático y personal, o incluso la muerte, una asociaciones de ideas bastante turbadoras, pero que, en cualquier caso (y por suerte) tienen que ver con el individuo y sus decisiones fuera de esas burbujas creadas por y para sí mismo.
Es por ello que, a través de este álbum para mi estupendo, animo a dejar de lado a lo teórico, lo que debería ser y a la opinión pública y sus instrumentos de poder y homogeneización, para experimentar por nuestra cuenta y riesgo lo que es la vida. En pocas palabras, que disfrutemos de la libertad (si es que alguna vez ha sido nuestra...).


martes, 14 de marzo de 2017

Contar hasta tres y volver a contar


No soy de esos que tratan a los niños como si fueran gilipollas. De hecho, me ponen bastante enfermo los padres que se dirigen a sus hijos como si tuvieran el encefalograma plano. Prefiero que ellos me traten de iguales a igual, es mucho más enriquecedor. Así que, si no quieren que sus hijos les consideren otros anormales más, ahórrense su voz de ñoños para con ellos...
Lo que más me gusta del comportamiento infantil es la gran capacidad que tienen los niños para quitarle hierro a cualquier asunto. Aunque algunos son cabezones y se enfadan con más frecuencia de lo debido, la mayoría suele poner una sonrisa ante cualquier adversidad, algo que ocurre con frecuencia cuando les apuntas a un error (¡Ay, si los adultos hiciésemos igual!).


Ando por la piscina. Los vestuarios a rebosar de chiquillos que acuden a los cursos de natación. El griterío esperado, los padres histéricos, algún que otro llanto, y el menda nota un par de ojos clavados en la nuca mientras se calza. El crío contemplándome como un mochuelo y yo, para romper el hielo empiezo a preguntarle chorradas. Que si vaya pies de gato chulos que llevas (ahora van equipadísimos), que si sabes nadar, o que si te gusta tirarte de lo alto de las banquetas de salida (cuanto más riesgo, mejor). Él, encantado de contestar hasta que llego a la pregunta clave: “¿Cuántos años tienes?” Me muestra las manos y como si de un robot se tratase, empieza a levantar dedos y bajarlos alternativamente. Primero uno, luego tres, luego dos, los cinco, cinco más dos, tres más cuatro... Lo miro boquiabierto y, como si nos leyésemos el pensamientos, nos echamos a reír. La cuestión es que aparece el padre, que esta luchando con el hermano mayor y, con la excusa de que el crío deje de molestar, lo arrastra a otra bancada mientras nosotros le damos al humor, que es muy saludable.


El caso es que estaba pensando yo en estas cuando me viene a la memoria Dos ratones, un álbum de Sergio Ruzzier que acaba de publicar A buen paso (¡Gracias Arianna!). Si les soy sincero, tenía unas ganas locas de que saliera a la luz este álbum ilustrado, no sólo porque es el primer libro de este autor editado en nuestro país y realizado enteramente por él (hace un tiempo Juventud publicó ¡He perdido mis calcetines! de Eve Bunting del que es el ilustrador. Esperemos que otras editoriales se animen con su poético This is not a picture book o su dulce Amandina), sino porque se ha hablado mucho de este libro en el mundo anglosajón. Aunque se puede considerar un libro sencillo en apariencia, las aventuras de estos dos roedores ensartadas por los números 1, 2 y 3, van más allá de los libros para contar, unos muy recurrentes en esto de la LIJ.


Primeramente decir que un servidor siente mucha afinidad por el estilo de este autor en el que destacan el uso de la acuarela (cuando vi el proceso de creación de una imagen para su A letter for Leo en una exposición sobre ilustración italiana, me enamoré al instante), la atmósfera mediterránea que envuelve sus historias (las tejas cerámicas que cubren las casas enjalbegadas, esa atmósfera cálida...), la personificación animal, la inclusión de elementos secundarios realistas (Fíjense en la enredadera que cubre la pared de la casa en la primera doble página. Al final los brotes acaban floreciendo...) o surrealistas (¿Es posible que nazcan dos patos de un solo huevo? Según Ruzzier, sí) que aportan una nota onírica a la narración, las diferentes técnicas narrativas en la ilustración (el comienzo de este libro por ejemplo. Intercalar la portadilla en el lugar que no le corresponde y juguetear con el texto y la imagen como antesala es muy acertado. Un recurso muy cinematográfico) y la composición de las escenas (La página “[…] Un camino, dos estrellas, [...]” es de una belleza excepcional. Mientras cada uno de los personajes presta atención a cada estrella, sus manos van unidas en un estrecho abrazo. Además de metafórica, la imagen y su grado de complementación narrativo con el texto, dan como resultado un hermoso paseo).


En segundo lugar y por si todo esto fuera poco en este libro de pequeñas dimensiones, tenemos que añadir el juego en el que se interna el texto. Las combinaciones infinitas que surgen entre sólo tres números y bastantes sustantivos.
En fin, un álbum estupendo para primeros lectores con ganas de explorar y contar.

viernes, 10 de marzo de 2017

Viene Marzo. Se va Isabel Escudero.


Marzo, ese mes que insufla vida, se ha llevado a Isabel Escudero. Apta para todas las miradas, su poesía cantaba otro tiempo, sonaba a la infancia, a los corros de colegio. Extremeña, machadiana, terráquea, viva, o lo que es lo mismo, cercana.
Ella buscaba ventanas, y de tanto en cuanto, también sutiles palabras, para después, soplarlas. Así es como se ha quedado. Porque de una forma u otra, vuela. Volaba.

De mí sin ti ¿qué sería?
Sin este dulce tormento
que me complica la vida.

* * *

¿Adónde irá el pájaro
que no vuele?
¿adónde iré yo
que no te lleve?

Isabel Escudero.
Coser y cantar.
Prólogo de Agustín García Calvo.
1984. Madrid: Editora Nacional (posteriormente en Lucina)

* * *

Abre las ventanas,
cierra la puerta:
que pase y se quede
la Primavera.

Isabel Escudero.
En el poema De la mano del alba.
Op. Cit.



miércoles, 8 de marzo de 2017

Pelirrojos en la Literatura Infantil y Juvenil


Astrid Lindgren. Pippi Calzaslargas. Blackie Books.

Aunque tener el pelo rojo no es una cosa común (N.B.: A pesar de que la National Geographic “estimó” que sólo lo presenta un 2% de la población, hay que decir que, basándonos en recuentos serios, sólo sería pelirrojo el 0,62% de la población mundial ¡como mucho!), me he enterado de que muchos personajes que han pasado a la historia, como Ramsés II, Galileo Galilei, Cristobal Colón, Enrique VII o la reina Victoria de Inglaterra, presentaban pelo de color zanahoria. Así que empecé a curiosear sobre este tema y terminé (inevitablemente) fijándome en los personajes pelirrojos de la Literatura infantil...


Runer Jonsson. Vicke Viking (col.).


Ellis Kaut. Pumuky (col.). Noguer.



Fauche, Leturgie y Luguy. Percevan (col.). Norma.

Es curioso constatar cómo muchos autores caracterizan a los personajes de sus creaciones con el pelo anaranjado. Bien por resultar exótico, bien por una serie de connotaciones que intentaré hacerles llegar aquí, Ana de las Tejas Verdes, Madeline o Tintín son claros ejemplos de que los pelirrojos tienen mucho atractivo para los pequeños lectores. Pero antes, algunos datos objetivos para meternos en harina...


Hergé. Tintín (col.). Juventud.


Ludwig Bemelmans. Madeline (col.).


Chispas. En: Llanos Campos. El tesoro de Barracuda. Jùlia Sardá (il.). SM.

El color anaranjado del pelo se relaciona con la presencia del gen recesivo MC1R que está en el cromosoma 16 (Aunque hay pelirrojos que no lo tienen. ¡Qué difíciles estos genetistas y sus códigos secretos...!) y 11 genes (concretamente en los cromosomas 15, 20 y 4), que presenta la especie humana desde hace unos 50.000 años y que es independiente de los genes que determinan el color de ojos (marrones, casi siempre) y de la raza (¡Sí! ¡Hay negros y asiáticos pelirrojos!). Si bien es cierto que este fragmento de ADN es más común entre escoceses (¡hasta un 13% de la población! según algunas fuentes), irlandeses, galeses (10% de la población en ambos), marroquíes (en la región del Rif también hay un 10%) o rusos (el 10% de la población de la región de Kazan tiene el pelo anaranjado), que en italianos, israelitas o españoles (¿A qué conocen pocos? En mis doce años de profesor y mis centenas de alumnos sólo recuerdo a una chica pelirroja). 


Roald Dahl. James and the giant peach. Lane Smith (il.)


Beatrice Alemagna, El maravilloso mini-peli-coso. Combel.



José Fragoso. La increíblemente alucinante historia de Marcial el niño normal. Narval.

Pero... ¿todos los pelirrojos tienen el mismo tono en su vello? No, al igual que rubios o morenos, el rojo del pelo tiene diferentes tonalidades, concretamente seis, unos más intensos, otros más claritos, que no son homogéneas en todas las partes del cuerpo (¡Atención los fetichistas del vello público!). También hay personas que pueden presentar zonas con vello rojizo en su cuerpo (cejas, barba y pecho) y no necesariamente sobre la testa (Seguimos con la genética y sus 45 combinaciones posibles). ¡Eso sí! Cuando envejecen, el pelo pierde su color de manera progresiva (rubio apagado) hasta llegar al níveo. Algunas de las ventajas de las personas con este color de pelo es que son capaces de producir su propia vitamina D en ausencia de luz solar ya que suelen presentar también una coloración de piel más clara. Muchos, no todos, también presentan pecas cuando se exponen al sol debido a los bajos niveles de eumelanina en su piel, lo que también puede desencadenar melanomas o cáncer de piel (son un 50% más propensos).


Shaun Tan. El árbol rojo. Barbara Fiore Editora.


Violeta Denou. Teo (col.). Timun Mas.


Roberto Santigao y Eva Redondo. Hansel y Gretel, el retorno de la bruja. David Guirao (il.). Edebé.

Otros datos (¡ojo! poco constrastados) avisan de que los hombres pelirrojos sufren cáncer de próstata en un 54% menos, que las personas pelirrojas tienen menor densidad capilar (una media de noventa mil cabellos en una melena sana), que es más difícil tintarse el pelo si lo tienes rojizo (decoloración al canto), que son más sensibles a los cambios de temperatura, que necesitan más cantidad de ciertos anestésicos a la hora de intervenirlos quirúrgicamente, que son más susceptibles de ser picados por las avispas que rubios o morenos, y que ser pelirrojo y zurdo tiene su relación.


Jimmy Bancks. Ginger Meggs.


Anne Cottringer y Alex T. Smith. Eliot Jones, midnight superhero.


Marie-Louise Gay. Stela. Queen of the snow.

Una vez estudiada la esfera científica (interesantísima, ¿no creen?), pasaremos a lo que nos ocupa, la esfera cultural, mientras continuo presentándoles algunos de los personajes con pelo de fuego que pululan por la LIJ. Decir que todas estas cuestiones se relacionan necesariamente con las apreciaciones y estereotipos que se les presuponen a los pelirrojos y que se trasladan a los personajes de los libros infantiles.
Algunas culturas como la de la antigua Grecia, gustaban del esoterismo y, según ellos, cuando un pelirrojo moría, era capaz de regresar al mundo de los vivos transformado en un vampiro, como Rüdiger, el personaje de Angela Sommer-Bodenburg.


Angela Sommer-Bodenburg. El pequeño vampiro. Amelie Glienke (il.). Alfaguara.

Los romanos odiaban a los pelirrojos ya que en muchos de los pueblos que pugnaban por el control de Europa en su contra, por ejemplo godos o celtas, abundaban los guerreros con este color de pelo (¿Se acuerdan de Obelix...? También tenemos a Vercingetorix, un pelirrojo de armas tomar). Aunque también es cierto que cuando les daban muerte gustaban de coleccionar sus cabelleras para regalárselas a las mujeres, unas que consideraban la mar de exóticas estas pelucas.



René Goscinny y Albert Uderzo. Asterix (col.). Planeta.

Todos estas creencias van pasando de mano en mano hasta llegar a la Edad Media una época en la que nacer con el pelo rojo era signo evidente de ser bruja, hombre lobo, vampiro o judío (sí, oyen bien), hasta el punto que el Papa Inocencio VIII incluyó a los pelirrojos en su Malleus Maleficarum, un catálogo de posibles herejes condenados a la hoguera. Esta es la razón por la que estos personajes que tanto abundan en los libros para niños sigan representándose con largas cabelleras rojas.


Sébastien Perez y Benjamin Lacombe. Genealogía de una bruja. Edelvives.

Con frecuencia la mayor parte de los personajes pelirrojos de la literatura para niños y jóvenes suelen tener una personalidad fuerte y están dotados de un carácter salvaje, indómito, una característica que combina a la perfección con lo subversivo de este tipo de libros donde la rebeldía y la ausencia de normas son una constante. Quizá el origen de todos estos personajes esté en el cuento de los hermanos Grimm titulado Der Eisenhans (en castellano Juan de Hierro) que tiene como protagonista a un ser misterioso y sobrenatural que es una mezcla de héroe y villano, y que, posiblemente, tiene su origen en otros cuentos y novelas que, desde la Edad Media copan nuestro ideario colectivo (Roberto el diablo, Guerrino y el hombre salvaje de Straparola o El hombre de cobre de El príncipe Iván y la princesa Martha de Afanasiev).



Lizzie Hosaeus

También es bastante corriente asociar el color de pelo rojo a los seres de la naturaleza. Elfos, hadas, ondinas y duendes se suelen representar con frecuencia con los cabellos de esta coloración, no sólo por resultar exótico (algo que siempre va ligado a lo mágico), sino porque todos estas creaciones fantásticas proceden de las culturas nórdicas, unos pueblos en los que, como ya hemos dicho, hay mucho pelirrojo.


Benjamin Lacombe. Ondina. Edelvives.


Por último me gustaría llamar la atención sobre la relación entre lo femenino, lo bello y lo pelirrojo, una que parte de la imagen que desprenden muchas obras de arte desde el Renacimiento, en el que lo diferente (El nacimiento de Venus de Boticelli), lo prohibido (las representaciones de María Magdalena) y lo sexual (las mujeres de Gustav Klimt), se mezclan a partes iguales, para producir unos estereotipos femeninos muy llamativos a los que han contribuido narraciones como Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift.



Maria Parr. Tania Val de Lumbre. Zuzanna Celej (il.). Nórdica.


Matz Mainka. Hermanas. Ana Juan (il.). Edelvives.

Aunque todo lo anterior nos puede parecer curioso y anecdótico, lo cierto es que sigue teniendo sus consecuencias negativas para todos aquellos que lucen el rojo de su pelo. Por ponerles dos ejemplos les cuento que Hitler, en pleno siglo XX y utilizando como coartada muchas de estas supersticiones antiguas, prohibió los matrimonios entre pelirrojos por miedo a que su “proyecto” para aupar la raza aria se viera truncado, o que los ingleses usan el vocablo “gingerism” para dar nombre a la exclusión que reciben los niños pelirrojos en Inglaterra (son abundantes los casos de bullying y los suicidios entre pelirrojos), donde existen multitud de conflictos por este tema (alucinen cuando sepan que una de las mayores empresas de conservación de esperma utilizados en técnicas de reproducción asistida, Cryos International, anunció en 2011 que no aceptaría más donaciones procedentes de hombres pelirrojos).


Arthur Conan Doyle. La liga de los pelirrojos. Iban Barrenetxea (il.). Anaya.


Wen Dee Tan. Lili. Babulinka Books.


Jules Renard. Pelo de zanahoria. Gabriela Rubio (il.). Media Vaca.

Sí, lectores. A veces ser diferente es lujo, a veces un coñazo, pero lo verdaderamente importante es estar y hacer evidente que todos ponemos nuestro grano de arena, aunque sea en los libros para niños.


Jim Kay. RonWeasley. En: J. K. Rowling. Harry Potter (col.).

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